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viernes, 10 de enero de 2020

CÓMO TOMAR APUNTES DE UN LIBRO



CÓMO TOMAR APUNTES DE UN LIBRO


             Podemos leer para el  presente o para el futuro. Cuando leemos para el presente sacamos el libro, lo disfrutamos y luego lo devolvemos a la estantería. Cuando leemos para el futuro necesitamos anotarlo para que, cuando lo vayamos a sacar de nuevo, nos pueda servir; es decir que no tengamos que leerlo otra vez, que nos baste con releer aquellas notas que dejamos escritas en su momento. En este segundo caso pueden pasar dos cosas: que lo leamos espontáneamente o que lo hagamos con una intención; puede ser que tengamos que hacer un trabajo y que este libro forme parte de la bibliografía necesaria; en este caso el tema que vamos a trabajar nos marcará la pauta de los apuntes que tenemos que tomar; si leemos, por ejemplo, Madame Bovary para hacer un trabajo sobre la sociedad francesa del siglo XIX, está claro que no nos interesarán los rasgos de estilo, ni la estructura del relato ni la tensión narrativa, sino sólo las estructuras sociales que se plasman, en filigrana, a lo largo de sus páginas: las costumbres, los oficios, los trajes, las clases sociales, la movilidad social, los medios de transporte…
            Vamos a centrarnos en el caso de que leamos un libro sin ninguna intención particular. Lo leemos para entretenernos. Tenemos que tener bien claro que, si un día lo necesitamos, por el motivo que sea, releer nuestras anotaciones nos llevará como mucho una hora: mientras que leerlo de nuevo, y, lo que es peor, leerlo anotándolo, consumirá muchas horas de nuestro tiempo. Anotar un libro es, de momento, quitarle parte de placer a la lectura, pero a la larga nos hará ganar tiempo.
            Lo primero que hay que hacer es subrayar las partes interesantes; las que nos llamen la atención, y eso es muy subjetivo: lo que hoy nos llama la atención puede pasar desapercibido mañana; eso, seguramente, es un inconveniente, y nuestras anotaciones nunca serán totalmente pertinentes, exhaustivas y sistemáticas: no pasa nada, no podemos ser perfectos; pero hay que tener siempre un lápiz a mano y subrayar: subrayar horizontalmente y luego, en vertical, señalar con rayas en los márgenes las líneas que abarca cada fragmento que hemos subrayado; estas rayas verticales pueden ser corchetes, con una muesca interior que señale el primer renglón subrayado y otra que destaque el último. En cuanto al subrayado, si lo hacemos a lápiz no estropearemos el libro, pero con el tiempo las líneas se irán borrando; si, por el contrario, lo hacemos a tinta (el bolígrafo es más cómodo que la pluma para ir por la calle), el libro se afeará, pero las marcas serán indelebles.
            Ya hemos terminado el libro. Ahora lo volvemos a leer, pero solamente lo que tenemos subrayado (no llevará mucho más de una hora, dependiendo del grosor del libro; Crimen y castigo, por supuesto, nos llevaría mucho más). Y en esta segunda lectura vamos a aprovechar los márgenes (un libro con poco margen es difícil de anotar; lo mismo que una edición de lujo, con papel tratado químicamente donde resbala el lápiz y no se quedan marcadas nuestras anotaciones). Ahora vamos a utilizar claves: donde aparezcan los personajes vamos a anotar, en el espacio correspondiente del margen, una p; donde se hable de los lugares, una l; del tiempo, una t; de la acción, una a; nos vamos inventando abreviaturas según lo creamos conveniente; si nos interesan los rasgos de estilo, escribiremos una e, y si este aspecto nos interesa especialmente, lo ponemos en el margen contrario para aislarlo mejor; podemos señalar los clímax poniendo una c después de la a (“ac” significaría “acción de clímax”); igualmente podemos señalar la exposición, el nudo y el desenlace (y si la e ya la tenemos reservada para los rasgos de estilo, podemos poner una e’, o una e”, o las que hagan falta: e1, e2, e3… ); escribiremos, pues, e’, n, d, respectivamente; también podemos utilizar letras griegas, ɛ o η, para diferenciarlas. En el caso de que nuestra lectura esté orientada por un objetivo (como, en el ejemplo anterior, si queremos estudiar la estructura de la sociedad francesa a  través de Madame Bovary, pondremos, por ejemplo, una c en los pasajes que hablen de las costumbres, una o si se habla de los oficios, una t para los trajes, una cs para las clases sociales, y así sucesivamente).


            Ahora viene la tercera fase. Nos ponemos a la mesa y tomamos una hoja para cada uno de los aspectos que hemos señalado. Supongamos que sean los rasgos de estilo: ponemos en mayúsculas, como título, la palabra ESTILO y vamos escribiendo, en columnas, los números de las páginas donde aparecen rasgos de estilo, identificándolos debidamente (símiles, metáforas, hipérboles, sinécdoques, hipérbatons, etc.). Luego hacemos lo mismo con otra hoja para el espacio (los lugares donde se desarrolla la acción), otra para el tiempo (y especificamos si es tiempo objetivo psicológico, lineal, cíclico, saltos en el tiempo, etc.). Cuando terminemos tendremos tantas hojas como aspectos del libro (en este caso es un relato) hemos destacado. Si los pasajes que tenemos que anotar son muy numerosos podemos hacer dos cosas: o anotar solamente los más interesantes, o hacerlo a ordenador, que en este caso se va más rápido que si lo estuviéramos escribiendo a mano; luego lo imprimimos para trabajar más cómodamente sobre ello y ya está.
            La cuarta fase es la más bonita: si en las fases anteriores hacíamos análisis, a lo que vamos a hacer ahora podemos llamarlo síntesis; se trata de un esquema de conjunto. Podemos empezar con una flecha vertical en la que vamos identificando el paso del tiempo y los momentos de la acción; en ella podemos marcar la exposición, el nudo y el desenlace (si los tiene), los clímax y anticlímax (si los hay) y, llegado el caso, los saltos en el tiempo hacia adelante o hacia atrás. Después hacemos tantas columnas como sean necesarias, y si el papel se nos acaba, pegamos otro como si fuera un acordeón: en una columna ponemos el espacio, en otra los personajes, en otra los rasgos de estilo, en otra las descripciones, todo lo que nos haya llamado la atención, los argumentos, los aciertos y errores lógicos, los diálogos, el intertexto…
            Y de esa apretada síntesis pasaremos, y ésta es la quinta fase del método, a la síntesis resumen: en ella pondremos un esquema con los aspectos más relevantes, omitiendo todo lo demás; ésta será la guía general del libro y, si luego, para cada aspecto, necesitamos un desarrollo, echamos mano a la síntesis exhaustiva que habíamos hecho antes y encontraremos prácticamente todos los datos. Con ellos podremos redactar nuestro ensayo (si queremos hacer un trabajo escrito) o nuestro discurso (si lo que queremos hacer es una ponencia, una mesa redonda o cualquier otro tipo de trabajo oral).
            Todos estos materiales, desde el subrayado a los apuntes, llegando hasta los esquemas, están escritos en folios y no son fáciles de guardar en la estantería junto a los libros de los que han salido; conviene, pues, clasificarlos en carpetas o archivadores, ordenándolos alfabéticamente o por temas, usando criterios que nos permitan encontrar cada libro con sus correspondientes apuntes. Y así nos iremos haciendo con cada lectura un material que nos podrá servir cada vez que tengamos que echar mano a los libros que hemos leído. Lo más normal es que las dos primeras fases las desarrollemos mientras leemos el libro y las tres últimas las reservemos para cuando tengamos que trabajar sobre él; de lo contrario su lectura se haría demasiado pesada y necesitaríamos demasiada paciencia para tanda disciplina. Somos humanos, ¡caramba!, no hace falta exagerar.
            Este método de trabajo no es el método por antonomasia: lejos de mí esa pretensión. Es mi método. A mí me ha funcionado, lo he ido elaborando año tras año después de muchas lecturas, y ahora que un alumno me ha pedido que le explique cómo trabajo, yo, con toda modestia, se lo he explicado; y si este método le puede servir a él (me digo yo mismo), ¿por qué no a los demás? Por eso me he molestado en exponerlo en estas páginas. Pero como pasa en las labores del campo, cada uno usa las herramientas que necesita. Si a alguien le puede servir este método, que lo use y si prefiere tirar de otro, que lo busque y se lo invente: cada cual se mata las pulgas como puede, y no hay más.
  



viernes, 4 de octubre de 2019

CÓMO TOMAR APUNTES EN CLASE



CÓMO TOMAR APUNTES EN CLASE


             Con frecuencia el ponente introduce su charla (verbalmente o mediante diapositivas) enumerando y nombrando las partes en que va a dividir su discurso; cuando tomamos apuntes convine e escribirlas al principio y enumerarlas; luego, cuando empieza con cada una de ellas, escribimos su título y, si no nos ha dado tiempo, ponemos el número, dejamos la línea en blanco y ya la escribiremos al final.
            Suele ocurrir que cada una de esas partes se subdivide a su vez en varias partes más pequeñas: hagamos lo mismo. Una forma de hacerlo es introducir sangrías mayores a medida que las subdivisiones van siendo menos importantes. Por ejemplo, supongamos que el ponente empieza así:

Voy a hablar de los trastornos psicológicos. Después de una breve introducción histórica iré exponiendo uno a uno cada uno de esos trastornos: la tristeza, la ansiedad, las fobias, las TOC, el estrés postraumático, la esquizofrenia y los problemas alimentarios.
            Antiguamente se pensaba que los trastornos eran envenenamientos del alma y los producía el demonio metiéndose dentro de nosotros; por consiguiente la única cura posible era el exorcismo. Después Hipócrates rechazó su origen sobrenatural y los estudió únicamente como fenómenos de la naturaleza. Para Platón, en cambio, estos trastornos en parte eran divinos y en parte tenían un origen ético. Nosotros los dividiremos en cuatro categorías: depresión, ansiedad, esquizofrenia y problemas alimentarios; dentro de la ansiedad incluiremos las fobias, los TOC, el estrés postraumático y la ansiedad generalizada.
            La depresión es una tristeza que en un treinta por ciento tiene origen genético; también intervienen factores ambientales (como las drogas, el tabaco, el alcohol) y otros más fisiológicos o personales. Sus síntomas suelen ser un estado anímico bajo, dificultad para dormir, cambios bruscos de peso (a más o a menos) y dificultad para el placer; se trata con antidepresivos (que afectan a la serotonina) y psicoterapia.
            La ansiedad se caracteriza por preocupaciones diarias intensas y ataques de pánico (o, como se dice generalmente, ataques de ansiedad). Entre sus síntomas encontramos el nerviosismo, las sensaciones de peligro y los problemas para concentrarse; puede tener causas genéticas, sobre todo físicas (un desequilibrio químico en el cerebro), pero también ambientales (como distintos tipos de presiones, por ejemplo en los exámenes). Se cura con psicoterapia, sobre todo terapia cognitivo-conductual, y también con fármacos. Hablemos ahora de las distintas manifestaciones de la ansiedad, como las fobias, el TOC o el estrés postraumático…

            La charla sigue: detengámonos ahí; se trata sólo de un ejemplo. Desde los primeros momentos nos hemos dado cuenta de que el problema de los trastornos empieza con una clasificación muy precisa; y que para cada categoría el orador considera, sistemáticamente, tres apartados: síntomas, causas y tratamiento; puede que al principio hayamos vacilado un poco, pero rápidamente las cosas se ordenan en nuestra cabeza. Nuestros apuntes se ordenarían así:

  
LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS

  1. Introducción.
Antiguamente sólo se curaban con el exorcismo.
Hipócrates pensaba que tenían un origen natural.
Para Platón eran, en parte, trastornos divinos, y en parte eran éticos.

  1. Clasificación: depresión, ansiedad, esquizofrenia y problemas alimentarios.
2.1.Depresión: es una tristeza que en un 30% puede tener origen genético.
a)      Síntomas:
Estado anímico bajo.
Dificultad para dormir.
Cambios bruscos de peso (a menos o a más).
Dificultad para el placer.
b)      Causas:
Genéticas en un 30% de los casos.
Factores ambientales (drogas, tabaco, alcohol).
Fisiológicas.
Personales.
c)      Tratamiento:
Antidepresivos (inciden en la serotonina).
Psicoterapia.
2.2.Ansiedad:
a)      Síntomas:
Nerviosismo.
Sensaciones de peligro.
Problemas para concentrarse.
b)      Causas:
Genéticas.
Físicas (desequilibrio químico en el cerebro).
Ambientales (distintos tipos de presiones, por ejemplo en los exámenes).
c)      Tratamiento:
Psicoterapia (sobre todo cognitivo-conductual).
Fármacos.
                                               Tipos de ansiedad:
·         Fobias.
·         TOC.
·         Estrés postraumático.
·         (Ansiedad generalizada).
(Fig. 3)

Con lo que hemos escuchado de la conferencia habremos podido, incluso antes de empezar a tomar apuntes, hacer un esquema de toda la charla. Lo hizo el ponente al principio de su presentación. El esquema es el siguiente:

LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS

A.- Introducción histórica.
B.- Clasificación de los trastornos.
1. Depresión (tristeza):
            I. Fobias.
            II. TOC.
            III. Estrés postraumático.
            IV. Ansiedad generalizada.
2. Ansiedad:
3. Esquizofrenia.
4. Problemas alimentarios.

C.- Conclusión.


            Si tenernos a mano ese esquema durante la toma de apuntes no nos perderemos en ningún momento; cada vez que el ponente empiece un punto nuevo nosotros lo marcaremos en el esquema de la charla con un punto o una raya y lo escribiremos en el cuerpo de nuestros apuntes. Si es posible ir ordenando las subdivisiones de cada uno de esos puntos, podremos utilizar sangrías, y así tendremos un esquema sinóptico. Por ejemplo:

  1. Introducción.
·         Antiguamente los trastornos psicológicos sólo se curaban con el exorcismo.
·         Hipócrates pensaba que tenían un origen natural.
·         Para Platón eran trastornos divinos en parte, y en parte éticos.
  1. Clasificación… etc.
(Fig. 1)

Pero si no conseguimos separar en nuestra mente las distintas partes que tiene cada epígrafe lo podremos hacer de forma redactada. El anterior fragmento quedaría así:

  1. Introducción.
Antiguamente los trastornos psicológicos sólo se curaban con el exorcismo; después Hipócrates pensaba que tenían un origen natural, pero para Platón eran trastornos en parte divinos y en parte éticos.
  1. Clasificación… etc.
(Fig. 4)

¿Qué diferencia hay entre la primera forma de trabajar y la segunda, entre el esquema y el resumen? Resumir es tomar las palabras del conferenciante en el tiempo que podamos; teniendo en cuenta que él siempre hablará más rápido de lo que nosotros escribimos, y está claro que por lo menos la mitad de lo que dice no lo podemos escribir; la cuestión es entonces distinguir lo importante (y apuntarlo) de lo superfluo (y omitirlo). Sin esta habilidad (distinguir lo importante de lo accesorio) no podemos tomar apuntes. Esta habilidad se desarrolla acostumbrándose uno a pensar; no dejando que los demás piensen por nosotros (para copiarlo nosotros después). Habría que inventar un juego que consistiese en dar instrucciones con muchas cosas superfluas mezcladas con lo importante, como se suele decir: con mucha paja envuelta en el grano; y que los ganadores de ese juego serían quienes hicieran lo que se les dice: para lo cual tienen que distinguir lo principal de lo accesorio. Otra forma de acostumbrarse a distinguir las ideas importantes es acostumbrarse a leer mucho. Centrarse en lo importante es como poner una lupa sobre el follaje para enfocar el insecto que estamos buscando. Es como si nuestra mente fuera un teatro, y en ella pusiéramos un vigilante que pusiese el foco en la parte del escenario que queremos que vea el público, valiéndonos para ello del texto que contiene las instrucciones del autor.


      De modo que la primera habilidad es distinguir lo importante de lo accesorio. La segunda es ordenarlo. Ordenar es colocar las cosas separándolas por temas (a esto último se le llama clasificar); y luego juntar cada grupo o clase de cosas que se parecen entre sí. Por ejemplo, meto los tornillos en una caja. Las tuercas en otra, los lápices en otra, en otra los destornilladores, en otra los cuadernos, en otra las gomas… Luego junto las cajas que contienen lápices, cuadernos y gomas y los meto en un armario y lo identifico como material escolar; lo mismo hago con los tornillos, tuercas y destornilladores y los junto, debidamente clasificados, en el almacén de mecánica. Clasificar y ordenar son respectivamente separar y juntar. Y haciéndolo establezco jerarquías: por ejemplo, las novelas las meto dentro del armario de literatura, que contendrá también poesía y teatro; y ordenaré los libros de ciencias en otro armario en el que separaré la física, la química o la psicología. El orden (todo orden jerárquico) quedaría así:

  1. Libros.
1.1. De literatura.
1.1.1. Novela.
1.1.2. Teatro.
1.1.3. Poesía.
1.2. De ciencias.
1.2.1. Física.
1.2.2. Química.
1.2.3. Psicología.
  1. Almacén de mecánica.
2.1. Accesorios y piezas.
2.1.1. Tornillos.
2.1.2. Tuercas.
2.2. Herramientas.
2.2.1. Destornilladores.
2.2.2. Martillos… etc.

            Volvamos nuevamente sobre el texto que nos ocupa. El discurso del que estamos tomando apuntes es como un armario que contiene tres cajones (y tendríamos entonces la fig. 5, que quedaría como sigue):

            A.- Introducción histórica.
            B.- Clasificación de los trastornos.
            C.- Conclusión.

            Sabemos que el segundo cajón (o, si lo preferimos así, el segundo armario) contiene cuatro estanterías, y lo sabemos porque lo ha dicho el autor. Estas cuatro estanterías son (y ésta sería la fig. 6):

  1. Depresión.
  2. Ansiedad.
  3. Esquizofrenia.
  4. Problemas alimentarios.

También sabemos que en la segunda estantería hay tres separaciones (tres tablas o baldas) que delimitan cuatro compartimentos (sería la fig. 7):

I.                   Fobias.
II.                TOC.
III.             Estrés postraumático.
IV.             Ansiedad generalizada.


Todo eso lo sabemos porque nos lo ha dicho el autor. Su discurso, pues, está jerarquizado en recipientes cada vez más pequeños: almacén, armario, estante, compartimento. Cuando el autor anuncia cada una de las partes de su discurso (un discurso es como un almacén de palabras, cada armario es un párrafo (en este caso, numerado) y, dentro de cada párrafo, cada subdivisión (estante, compartimento) se marca con una sangría dentro del párrafo donde está (ésta sería la fig. 1).
Pero cuando al autor no dice cuáles son las partes de su discurso (sería la fig. 4) hay que adivinarlos; mejor dicho, hay que descubrirlas, hay que mirarlas, hay que encontrar dónde están; el párrafo de la fig. 4 es semejante a un cajón donde hay mezclados melocotones, naranjas y tomates, y nosotros tenemos que separarlos en cajas distintas; es como si en la fig. 3 la primera línea dentro del epígrafe “introducción” fuera la de los melocotones, la segunda la de las naranjas y la tercera la de los tomates.
      ¿Cómo hace el vendedor? Muy fácil: él sabe distinguir los melocotones de las naranjas y los tomates. ¿Cómo hace, para convertir la figura 4 en la figura 3, la persona que está tomando apuntes? Muy fácil: aprendiendo a distinguir unas ideas de otras. ¿Y eso como se hace? Prestando atención. Muchos no saben tomar apuntes porque no prestan atención a lo que oyen; oyen, pero no escuchan; el problema de mucha gente que está tomando apuntes es que no se fija en lo que se dice; o se fija en otras cosas, quizá porque éstas no le interesan, su mente no se centra; si la atención tiene su punto de arranque en el interés, la distracción brota del desinterés, es decir del aburrimiento. No hay esquema de trabajo que pueda enseñar apuntes a quien no pone interés ¿Y cómo puede poner interés alguien que tiene que prestar atención a algo que no le interesa? Obligándose. Poniendo fuerza de voluntad. Sacando energía de donde no la tiene, ¿y por qué no la tiene? Porque ha decidido dedicar sus fuerzas a jugar a las cartas y no a centrarse en un discurso del que tiene que sacar apuntes.
      El punto de arranque es, pues, una simple decisión: quien decide dedicar sus energías a tomar apuntes aprenderá a tomar apuntes, es lo que Daniel Goleman llama automotivarse: obligarse a sí mismo a coger gusto a las cosas que no le gustan, si considera que valen la pena; si no me gusta la música clásica y sé, porque lo intuyo, que la música clásica es buena, debo obligarme a escucharla y, entre escucha y escucha, procurar informarme sobre ella y hablar con gente que entienda; y así, obligándome un día sí y otro también, llegará un día en que ya no tendré que obligarme: me acabará gustando; la fuerza de la costumbre me habrá familiarizado con esos sonidos y la comprensión de lo que oigo le habrá ido dando sentido a lo que escucho; al final, el gusto será una combinación de la familiarización con la música y el pensamiento que habrá encontrado densidad en ella; no es lo mismo que familiarizarse con cosas vanas y simplonas (que no simples), que será acostumbrarme a lo fácil y en lo fácil se esconde el mal gusto.
Aristóteles pensaba que los hábitos se adquieren por la repetición de los mismos actos, pero esta repetición tiene que brotar de un acto de la voluntad la cual, a su vez, surge de la razón. Los hábitos razonables son virtudes (Aristóteles los llama hábitos buenos); pero acostumbrarse a lo fácil es vicio, porque lo fácil nos quita las ganas de esforzarnos y la falta de esfuerzo es falta de vida (ya que la vida se potencia haciendo frente a la adversidad, superando los retos cuando los retos son obstáculos que dificultan el vivir).
      Tomar apuntes, en suma, requiere dos cosas: una es prestar atención, poner empeño, esforzarse, y otra es saber distinguir el orden de las ideas y la jerarquía de los conceptos. La segunda es, para algunos, una capacidad innata que hay quien ha tenido la suerte de tener (suerte que no han tenido quienes han nacido con síndrome de Down, por ejemplo); pero la mayoría consigue aprenderla con ejercicio, esforzándose en poner interés si consideramos que vale la pena aunque no nos interese; sería inútil pretender que el profesor nos lo enseñara como por ciencia infusa sin que nosotros moviéramos un solo dedo; no se puede aprender ninguna técnica de trabajo abandonándose uno a la pereza; el dominio de las técnicas, si bien es preciso que alguien te las enseñe cuando tú no sabes aprenderlas solo, en el fondo es simplemente tener fuerza de voluntad.





viernes, 8 de marzo de 2019

¿QUÉ ES ESO TAN RARO QUE LLAMAMOS COMENTARIO DE TEXTO?



¿QUÉ ES ESO TAN RARO QUE LLAMAMOS
 COMENTARIO DE TEXTO?


             Comentar un texto es conseguir que la persona que nos escucha entienda el texto. A veces oímos hablar a un político y decimos: “¿qué ha dicho?” También los religiosos hablan a veces de manera oscura. Los abogados y los jueces tienen un lenguaje esotérico que sólo entienden ellos, y cada oficio tiene su propia jerga: matemáticos, ingenieros, psicólogos, historiadores, bioquímicos y filólogos.
            Comentar un texto es, ante todo, explicar lo que significan las palabras, una especie de traducción. A veces se ponen de moda palabras de otros idiomas y la gente las utiliza como si fueran del nuestro: sorpasso, perestroika, laico, brexit, week end… Otras veces lo que se pone de moda son expresiones enteras: dar el paseíllo, dar boleto, tener un hijo de penalty… Otras la gente habla con refranes y frases hechas: salir trasquilado, todo fluye, no es oro todo lo que reluce, hablar en el desierto… Explicar esas palabras es hablar del lugar y la época donde surgieron, de la persona que las inventó, del sentido que les dio la gente, de cómo cambia a veces el significado de las palabras… Cuando leemos el famoso romance que dice “marinero de Tarpeya” nos tienen que explicar que en realidad decía “mira, Nero de Tarpeya”, y que por lo tanto no hablaba de marineros, sino de Nerón; pero la gente, al oírlo de boca en boca, lo deformó y se lo aprendió mal.
Comentar un texto es también explicar la intención de quien habla; no se trata de aclarar qué dice sino para qué lo dice, qué significado les da a las palabras. Cuando Jesucristo dice “soy el rey de los judíos” no lo dice para que la gente se crea que manda en la tierra, sino para que todos entiendan que su reino no es de este mudo; y cuando en la cruz le ponen un letrero que dice “INRI” (Iesus Nazareno Rey de los Iudíos) lo hacen para burlarse de él.
            Comentar un texto es contar una historia de manera que se entienda; si acabo de ver una película y mi amigo me pide que se la cuente, lo que debo hacer es relatar las cosas sin perder el hilo, porque hay gente que se pierde en los detalles y se olvida del argumento, que es por ejemplo lo que hacen los niños. A veces la película da saltos atrás en el tiempo, pero cuando la contamos debemos hacerlo de manera lineal para que no se pierda quien nos está escuchando; o si damos saltos en el tiempo hay que tener cuidado para que se entiendan en la historia, porque a veces el espectador puede confundir un salto atrás con algo que está ocurriendo en el presente. Por ejemplo, cuando en La prima Angélica el protagonista acude al entierro de su madre, su mente recuerda los momentos del pasado en que él era más joven; las escenas del pasado pueden confundirse con las del presente, y el director (Carlos Saura) utiliza un recurso para que no nos perdamos: cuando el personaje tiene calcetines de liga es que la escena pertenece al pasado, y cuando usa calcetines modernos es que estamos en el presente.


            Otras veces contar una película es decir cómo la hemos entendido nosotros, que no quiere decir que así sea como la ha hecho el director; eso pasa cuando la película es difícil de entender. Por ejemplo cuando contamos 2001. Una odisea en el espacio, ¿cómo entendemos que al final el astronauta se vuelva bebé dentro de la nave? ¿Quiere esto decir que el tiempo dentro de la historia corre hacia atrás, del futuro hacia el pasado? Y cuando vemos un monolito ¿cómo lo debemos interpretar, como la mano de dios? Y cuando en Elisa, vida mía el protagonista ve animales en el matadero, ¿hay que entender que es la realidad, o que es un sueño?


            Vamos a volver al principio para recoger todas las cosas que hemos dicho sobre el comentario y ordenarlas en un conjunto; según esto comentar un texto es:

            1º. Identificar las palabras que no se entienden y buscarles un significado. Para ello vamos a tener que usar un diccionario. A veces necesitaremos conocer el lugar o la época para entenderlas bien (por ejemplo “sacarse la mierda” en Chile significa trabajar duro, “tomar once” es merendar, “desfacer entuertos” en el Quijote significa combatir las injusticias; está claro que cuando no conocemos el lugar y la época no podemos comentar bien el texto).

            2º. Resumir lo que dice el texto (es decir contarlo con pocas palabras) y dividirlo en partes; si el texto cuenta una historia suele tener exposición, nudo y desenlace; pero si lo que hace es defender una idea suele tener introducción, desarrollo y conclusión.
            En una historia la exposición es el planteamiento (en la primera parte de Parque Jurásico nos explican cómo es la garra del velocirraptor y cómo el millonario construye un maravilloso parque donde vamos a ver al velocirraptor en libertad); el nudo es cuando surge un problema y todo se pone patas arriba (que es cuando se va la luz, los animales se escapan y todo se enreda); y el desenlace es cuando se resuelve el problema y todo vuelve a la normalidad (el velocirraptor quiere cazar a los niños con la garra que vimos en la exposición, y los niños se salvan). Así, una historia es una perturbación que surge en una situación inicial y en el desenlace se resuelve esa perturbación: todo vuelve al orden que había al principio.
            En una argumentación la introducción suele decir a veces por qué vamos a defender una idea (lo mismo que los códigos de leyes suelen empezar con una exposición de motivos); luego viene el cuerpo del texto propiamente dicho, el desarrollo (donde se encadenan las ideas dividiéndolas en partes); y por último en la conclusión se deja bien clara la idea principal que se estaba defendiendo (aunque esto no siempre sucede así).
            Otras veces en la introducción aparece la idea principal y en el desarrollo las ideas secundarias; eso depende de que el texto sea deductivo (cuando va de lo general a lo particular de manera firme y segura) o inductivo (cuando va de lo particular a lo general y llega a una conclusión que no es segura, sino probable). Ejemplo de texto deductivo: si los leones son mamíferos y los mamíferos son vertebrados, entonces los leones son vertebrados. Ejemplo de texto inductivo: las gallinas, los gorriones, los cuervos, las cigüeñas, las avestruces… son pájaros y tienes plumas, por lo tanto todos los pájaros tienen plumas.


            3º. Explicar cuál es la intención del autor; qué nos quiere decir el texto. Por ejemplo cuando Jesús nos cuenta la parábola del grano de mostaza ¿qué nos quiere decir? Que la Iglesia empezó siendo pequeña como una semilla y acabó creciendo hasta convertirse en algo grande como un árbol.

            4º. Y por último, comentar un texto es dar nuestra opinión sobre él y decir qué nos ha parecido; pero decirlo siempre de manera razonada (no vale decir “me ha gustado” o “estoy de acuerdo con él”, sino que hay que explicar por qué nos gusta y por qué estamos de acuerdo).

            Resumiendo: un buen comentario debe contener análisis, síntesis y conclusión. En el análisis definimos las palabras que no se entienden y dividimos el texto en partes, explicando lo que se dice en cada una de ellas. En la síntesis resumimos el texto y explicamos la intención del autor; y en la conclusión aclaramos la idea principal y damos nuestro punto de vista. El orden puede ser el siguiente:

  1. Buscar el significado de las palabras oscuras o nuevas. (Análisis).
  2. Resumen. (Síntesis).
  3. Dividir el texto en partes y explicar cada una de ellas. (Análisis).
  4. Explicar cuál es la intención del autor (la mayoría de las veces a partir de la idea principal). (Síntesis o conclusión).
  5. Dar nuestra opinión sobre el texto (si nos gusta, si estamos de acuerdo con él, y por qué). (Síntesis y conclusión).

Volvamos al ejemplo de la película: si un amigo nos pide que se la contemos debemos resumirla con claridad; luego volvérsela a contar detallando y explicando cada una de sus partes (procurando aclarar los pasajes oscuros y las escenas que no se entienden bien); luego intentar explicar lo que creemos que ha querido decir el director con esa historia y, por último, decir qué nos ha parecido.
      Concluyendo: que debemos ser fieles a la película (debemos contar exactamente lo que hemos visto, no inventarnos nosotros nuestra propia película); y que, si no la hemos entendido bien, debemos decir claramente qué es lo que no hemos entendido y de qué maneras posibles lo podríamos interpretar; para concluir opinando de manera que quien escucha pueda opinar también (y sólo podrá opinar si se la hemos contado bien).
      Y no digo más.