viernes, 17 de junio de 2022

DESPEDIDA

 

 

DESPEDIDA

 


            Han sido ocho años intensos, llenos de satisfacción y sentimiento. He sentido cercanía en la gente que se asomaba a estas páginas. Ocho años de escribir obligando a afilar conceptos, a mirar las cosas desde dentro, a buscar en lo que está lejos, a levantar la mirada. Ocho años de poderosa atención, años de magia. A lo largo de ellos han surgido cosas que bien vale la pena contar; porque son como una aventura, la aventura de esta empresa en la que nunca he cedido a la facilidad y siempre he escrito con el mismo interés por la gente culta que por la gente de la calle.

 

He tenido lectores en España, Estados Unidos, Canadá, Perú, Argentina, Portugal, Irlanda, Dubai, Rusia, Francia, Alemania, Nueva Zelanda… No, no es que mi blog haya tenido proyección internacional, ni mucho menos; lo que pasa es que los amigos de los amigos están desparramados por el mundo y hoy cualquiera que esté conectado a la red se está comunicando, y seguramente no tiene conciencia de ello, con la vasta geografía que hay fuera de nuestra casa.

 

He escrito para filósofos y profanos, para los artistas y su público, los escritores y los lectores. Para unos siempre he tenido en la mente lo que hacía William James hace siglo y medio: dar conferencias a los obreros, que no por ser obreros tenían que ser ajenos a la cultura. Para otros he escrito textos, difíciles a veces, en los que daba a conocer mis puntos de vista (filosóficos, literarios, estéticos), y mi propia manera de enfocar la realidad: siempre poniendo distancia en ella, con objetividad siempre, sí, pero siempre apasionada; sin preocuparme nunca por las presiones del momento. Por eso había textos accesibles y otros eran francamente complicados: y es que no estaban escritos siempre para los mismos destinatarios.

 

Esos destinatarios han sido variados. Primero fueron familiares y amigos; después tuvieron su propia dinámica, su propio ritmo, su propia autonomía. También he estado al habla con algunas instituciones, no muchas, es verdad. Alguna universidad ha utilizado textos míos como bibliografía de trabajo (por ejemplo, a propósito de Platón o Miró Quesada); incluso he mantenido conversaciones, epistolares y telefónicas, con algunos profesores; hay quien se ha puesto en contacto conmigo para mencionarme en algún artículo académico. Varios colegios han participado con la lechuza literaria incorporando largos diálogos de WhatsApp como prácticas de clase; diálogos que, lógicamente, no han aparecido en el blog puesto que tomaban otros canales para materializarse. También han escrito centros de formación para personas adultas. Y gente vinculada al teatro, algún filósofo de otros lugares, algún escritor… en fin: por poco que sea, esa interacción me ha dado hondas satisfacciones.  




Soy filósofo y escritor. Muy tímido, por cierto, en ambos casos. Cogí confianza en mí mismo asistiendo durante diez años a congresos de filosofía en los que no dejé de presentar nunca mis ideas, aunque se apartaran de lo trillado; tengo la satisfacción de haber compartido mesa con reconocidos filósofos del ámbito nacional e iberoamericano. La lechuza, por su parte, ha contribuido a que confiara en mí mismo como escritor, sólo por eso ya vale la pena haberla creado. Y por los amigos, conocidos unos, otros anónimos, que no han dejado de compartir conmigo, gente sin rostro o cuyo rostro yo podía adivinar a través de la distancia; y que me mostraba su simpatía dándole un “me gusta” al leerme. Nunca ha habido impertinencias ni insultos ni salidas de tono; la variedad de los iconos de internet permitía mostrar qué artículos habían gustado más y cuáles habían gustado menos, siempre desde el respeto y desde la crítica desenfadada y sana.

 

El símbolo de la filosofía es una lechuza; un pájaro nocturno, porque el filósofo trabaja mientras la gente descansa, la lechuza de Atenea, diosa de la sabiduría, que posa sus ojos sobre la realidad y nos devuelve la esencia de lo que la realidad nos ocultaba. También hay una filosofía lógica, de una lógica descarnadamente matemática, empeñada sólo en buscar el rigor; y una filosofía literaria que se interna en las profundidades aunque no alcance el rigor del  lince, sin dejar de ser seria en el uso de la palabra; no con seriedad exenta de humor sino de quien se ríe de su propia sombra sin sacrificar nunca lo difícil a lo fácil; sin ceder a lo superfluo en lugar de buscar en lo que vale. Tomé de Miró Quesada la idea de que un error en las profundidades vale más que un acierto en la superficie y es lo que me he empeñado de hacer, contra viento y marea; días tras día, hacer filosofía académica pero también filosofía popular, para la gente de la escuela y la gente de la calle; y hacer, al mismo tiempo, literatura, pinceladas sentimentales, relatos cortos, poesía, estampas de un pueblo y visiones de España.

 


Desde hace tiempo escribo cosas de mayor envergadura. Tengo a mis espaldas unas cuantas novelas, visiones impresionistas, algunas obras de teatro, algo de poesía y algunas ideas sobre literatura. Hace casi dos años me jubilé: desde entonces decidí escribir como nunca había podido escribir, liberado ya de obligaciones académicas, de las clases y las guardias, la labor de tutoría, de las juntas y los claustros. Ya no tengo que aguardar los dos meses del verano para acabar la novela que empecé el año anterior. Ahora tengo todo el tiempo en mis manos, y, curiosamente, cuando más tiempo liberado tengo más encerrado estoy en mi conciencia, más investigación me hace falta y más corrijo mis trabajos, más absorto estoy en ese mundo que me absorbe y más me cuesta, para escribir en la lechuza, salir de él. Por ese motivo tengo que abandonar el blog. Hay una novela que me está gritando desde hace cuatro años y no acabo de escribirla: y yo le tengo que dar nacimiento; perdonadme, lectores, si, preocupado por dar cauce a todas las fantasías que se atropellan en mi mente, a todas las ideas que pugnan en mi cerebro, a todas las imágenes que las palabras pueden contener y a todas las palabras que se obstinan en salir, debo olvidarme de esas otras palabras, amables y afectuosas, que me unen a vosotros en este blog filosófico y literario a la vez. Me veo obligado a cerrar esta carpeta.  En ocho años he tenido veintiocho mil visitas, no está mal; podrían haber sido más, pero el material de sus páginas era arduo y exigía concentración y no tengo sino gratitud a mis lectores por haber hecho, semana tras semana, el esfuerzo heroico de escapar a la facilidad en la que nos atrapa el mundo; y con esto no hace falta más.

Hasta siempre. Mantendré abiertas estas páginas para publicar las entregas que faltan de ese “Alma de acero”, esa visión romántica de la reina Juana de Castilla; y de vez en cuando, cuando tenga algo de tiempo, escribiré algunas letras bajo las alas amorosas de la lechuza: pero ya no será todas las semanas; será de vez en cuando, quizá de tarde en tarde, y se gestarán a cambio, bajo el palio nocturno de los ojos de la lechuza, quizá bajo la diáfana luz de la mañana, impresiones y novelas, filosofías y teatro, y quién sabe… si la musa se aviene a concederme su gracia, tal vez también un poco de poesía. Y con esto basta.

 


 

viernes, 10 de junio de 2022

EL ESTUDIANTE CORROMPIDO

 

 

EL ESTUDIANTE CORROMPIDO     

  



            Decía MacIntyre que cuando perseguimos fines distintos de los que tiene nuestra actividad nos corrompemos. El fin de la medicina es curar y justo es que los médicos cobren por su trabajo; pero cuando un médico sólo trabaja para ganar dinero y nada le importa la salud de su paciente, su trabajo es una forma de corrupción. También les ocurre a los maestros que se olvidan de los alumnos cuando enseñan pensando sólo en el sueldo. Y el fabricante que hace coches defectuosos para venderlos mejor, también se está corrompiendo.

            Hay una forma de corrupción que afecta al estudio. Estudiamos para aprender, eso está claro. También solemos estudiar para aprobar, sí, siempre que también estemos aprendiendo. Lo que no se puede admitir es que alguien estudie para aprobar sin importarle para nada si aprende. Supongamos que quiero ser enfermero. Gracias a mis estudios de enfermería puedo aprobar y sacarme el título. Pero si me gradúo de enfermero olvidándome de todo lo que he estudiado, mal podré ejercer mis funciones cuando trabaje en el hospital; si no sé preparar una medicina, si no sé calcular las proporciones que debe tener cada ingrediente, si no sé hacerlo de manera aséptica, fácilmente puedo matar al paciente aunque no quiera. ¿Qué clase de enfermero seré entonces? ¿Tengo derecho a ejercer mi actividad? ¿No estoy faltando a mis obligaciones éticas?

            Al estudiante no le suele preocupar si aprende o no aprende. Lo único que le preocupa es si aprueba o suspende. Cuando abre el libro no se pregunta cómo debe hacer para entenderlo, lo único que le preocupa es si le van a preguntar lo que estudia; y sólo se estudia lo que le preguntan.

            -¿Hay que aprenderse la multiplicación?

            -No, eso no entra.

            -¿Y la suma y la resta?

            -No, sólo la división.

            -Huy, qué bien; entonces hay poco que estudiar.

            Cada tema tiene cinco páginas. Si se lo estudiara todo tendría quince páginas para aprender, pero como no tiene más que un tema sólo se tiene que estudiar cinco.

            Respira. Sonríe. Se tranquiliza. Abre el libro por la página de la división y no entiende nada de nada. Oh, dios mío, ¿cómo voy a hacer? Va a clases particulares y le dice su profesor:

            -¿Sabes sumar?

            -No.

            -¿Y restar, y multiplicar?

            -Tampoco.

            -Pues sin sumar ni restar ni multiplicar no se puede dividir.

            Y tiene que estudiar los tres temas aunque sólo le vayan a preguntar uno. No le van a poner cuentas de sumar, pero tiene que aprenderse la suma. No le van a poner cuentas de multiplicar, pero tiene que aprender la multiplicación. De modo que aunque sólo le pongan cuentas de dividir se va a tener que estudiar todas las páginas. Ante un tema del libro el alumno no se debería preguntar si esto entra sino si me va a servir para aprenderme lo que quieren preguntarme. Yo estaba explicando con entusiasmo el Renacimiento en España. De pronto un alumno levanta la mano. Emocionado por que alguien quiera preguntar algo, le doy la palabra y me dice:

            -¿Esto entra para el examen?

            Se me cayó al suelo todo el entramado de mi alma.

            Los estudiantes protestan porque quieren un mundo mejor. Les repugna la corrupción de los políticos. Dicen que quieren una educación de calidad. Y cuando sólo les preocupa lo que entra en el examen, desentendiéndose lisa y llanamente del placer de aprender, en realidad se están comportando como estudiantes corruptos. Lo mismo que cuando copian haciendo chuletas, y te aseguro que copian como bellacos sin el menor escrúpulo. Luchan contra la corrupción pero no están dispuestos a dejar de ser corruptos. Porque, olvidándose de aprender bien las cosas para trabajar algún día más y mejor, y abandonándose a la pereza de estudiar poco, lo único que les va a preocupar es aprobar el curso; y abrirán la puerta sin saber qué les espera cuando empiezan a buscar por dentro.

 


 

viernes, 3 de junio de 2022

CREAR

 

 

CREAR      

 


            Crear es sacar algo de la nada, forjar cosas que no existen a partir de conocimientos, inconscientes o no, que tenemos, y utilizando los materiales adecuados. Hay varios tipos de creación: el arte, la técnica y la estrategia.

 

            1. El arte. Crear una obra de arte es ver un diseño atractivo con la imaginación. Puede ser una atracción tranquila, o una pasión violenta; y por violenta no entiendo homicida ni suicida, sino vital: pero arrebatada. Imaginar es crear por analogía. Una vez que la intuición creadora la ha traído a nuestra mente, la razón lógica le da forma recortando sus perfiles, definiendo su interior. Es el trabajo del artista.

El motor de la creación es la pasión, y por pasión entiendo la fuerza del corazón atraída por la belleza. Ese impulso abre la puerta de la imaginación, que crea la idea; y ésta, a su vez, empuja las puertas de la lógica, que se abren para que trabajen al unísono la lógica, la analogía y el corazón. Así es como se pinta un cuadro, se esculpe una piedra o se compone una sinfonía; un edificio, una danza, una historia: la cabeza orquestada por el corazón.

 

2. La técnica (como construir un edificio o inventar un aparato). Se trata de crear algo útil. El motor también es la pasión, igual que todo lo que viene después: la intuición creadora y la razón lógica; sólo que aquí el corazón no se mueve atraído por la belleza sino por la utilidad; el arquitecto que, cuando era  artista, diseñaba edificios bellos, ahora diseña edificios funcionales: que salen de su cerebro más que de su corazón. Es el trabajo del ingeniero, que es artesano porque conoce el edificio pero, en vez de dejarse llevar por el impulso o por la teoría, tiene que resolver un problema técnico; y lo hace  aplicando la teoría para satisfacer una necesidad.

 

3. La estrategia (como forjar un imperio). Es a la vez el trabajo de un artista y de un ingeniero pero utilizando, como materia prima, seres humanos: eso es ser estratega. Si la técnica consiste en ordenar objetos con vistas a un fin y el arte es concebir el fin para el que tenemos que ordenar objetos, estrategia es ordenar personas para conseguir el fin que queremos: el cual requiere imaginación, corazón y lógica, sí, pero también anestesia ética, insensibilidad moral. El estratega no tiene escrúpulos en hacer que muera gente para ganar una batalla. En el arte y la técnica los sentimientos éticos están dormidos, en el sentido de que no tienen nada que decir; pero si están amordazados se ponen al servicio de la estrategia, como cuando el arquitecto construye la ciudad de Tirana dándole la forma de un fascio o cuando el científico y el ingeniero construyen una bomba para matar gente. Podríamos distinguir dos formas de utilizar la estrategia:

a) La política. Es cuando la estrategia se subordina a los sentimientos éticos, solidarios del razonamiento moral.

b) La guerra. Es cuando la estrategia se separa de la moral.

 

            Podemos concluir diciendo que se puede crear haciendo ficción, inventando herramientas, esculpiendo tu cuerpo o utilizando a los demás. En el primer caso es arte, sea literatura o bellas artes. En el segundo es técnica. En el tercero moda, dietética y deporte. Y en el cuarto estrategia, ya sea para hacer política o para guerrear.