Mostrando entradas con la etiqueta desarrollo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta desarrollo. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de marzo de 2019

¿QUÉ ES ESO TAN RARO QUE LLAMAMOS COMENTARIO DE TEXTO?



¿QUÉ ES ESO TAN RARO QUE LLAMAMOS
 COMENTARIO DE TEXTO?


             Comentar un texto es conseguir que la persona que nos escucha entienda el texto. A veces oímos hablar a un político y decimos: “¿qué ha dicho?” También los religiosos hablan a veces de manera oscura. Los abogados y los jueces tienen un lenguaje esotérico que sólo entienden ellos, y cada oficio tiene su propia jerga: matemáticos, ingenieros, psicólogos, historiadores, bioquímicos y filólogos.
            Comentar un texto es, ante todo, explicar lo que significan las palabras, una especie de traducción. A veces se ponen de moda palabras de otros idiomas y la gente las utiliza como si fueran del nuestro: sorpasso, perestroika, laico, brexit, week end… Otras veces lo que se pone de moda son expresiones enteras: dar el paseíllo, dar boleto, tener un hijo de penalty… Otras la gente habla con refranes y frases hechas: salir trasquilado, todo fluye, no es oro todo lo que reluce, hablar en el desierto… Explicar esas palabras es hablar del lugar y la época donde surgieron, de la persona que las inventó, del sentido que les dio la gente, de cómo cambia a veces el significado de las palabras… Cuando leemos el famoso romance que dice “marinero de Tarpeya” nos tienen que explicar que en realidad decía “mira, Nero de Tarpeya”, y que por lo tanto no hablaba de marineros, sino de Nerón; pero la gente, al oírlo de boca en boca, lo deformó y se lo aprendió mal.
Comentar un texto es también explicar la intención de quien habla; no se trata de aclarar qué dice sino para qué lo dice, qué significado les da a las palabras. Cuando Jesucristo dice “soy el rey de los judíos” no lo dice para que la gente se crea que manda en la tierra, sino para que todos entiendan que su reino no es de este mudo; y cuando en la cruz le ponen un letrero que dice “INRI” (Iesus Nazareno Rey de los Iudíos) lo hacen para burlarse de él.
            Comentar un texto es contar una historia de manera que se entienda; si acabo de ver una película y mi amigo me pide que se la cuente, lo que debo hacer es relatar las cosas sin perder el hilo, porque hay gente que se pierde en los detalles y se olvida del argumento, que es por ejemplo lo que hacen los niños. A veces la película da saltos atrás en el tiempo, pero cuando la contamos debemos hacerlo de manera lineal para que no se pierda quien nos está escuchando; o si damos saltos en el tiempo hay que tener cuidado para que se entiendan en la historia, porque a veces el espectador puede confundir un salto atrás con algo que está ocurriendo en el presente. Por ejemplo, cuando en La prima Angélica el protagonista acude al entierro de su madre, su mente recuerda los momentos del pasado en que él era más joven; las escenas del pasado pueden confundirse con las del presente, y el director (Carlos Saura) utiliza un recurso para que no nos perdamos: cuando el personaje tiene calcetines de liga es que la escena pertenece al pasado, y cuando usa calcetines modernos es que estamos en el presente.


            Otras veces contar una película es decir cómo la hemos entendido nosotros, que no quiere decir que así sea como la ha hecho el director; eso pasa cuando la película es difícil de entender. Por ejemplo cuando contamos 2001. Una odisea en el espacio, ¿cómo entendemos que al final el astronauta se vuelva bebé dentro de la nave? ¿Quiere esto decir que el tiempo dentro de la historia corre hacia atrás, del futuro hacia el pasado? Y cuando vemos un monolito ¿cómo lo debemos interpretar, como la mano de dios? Y cuando en Elisa, vida mía el protagonista ve animales en el matadero, ¿hay que entender que es la realidad, o que es un sueño?


            Vamos a volver al principio para recoger todas las cosas que hemos dicho sobre el comentario y ordenarlas en un conjunto; según esto comentar un texto es:

            1º. Identificar las palabras que no se entienden y buscarles un significado. Para ello vamos a tener que usar un diccionario. A veces necesitaremos conocer el lugar o la época para entenderlas bien (por ejemplo “sacarse la mierda” en Chile significa trabajar duro, “tomar once” es merendar, “desfacer entuertos” en el Quijote significa combatir las injusticias; está claro que cuando no conocemos el lugar y la época no podemos comentar bien el texto).

            2º. Resumir lo que dice el texto (es decir contarlo con pocas palabras) y dividirlo en partes; si el texto cuenta una historia suele tener exposición, nudo y desenlace; pero si lo que hace es defender una idea suele tener introducción, desarrollo y conclusión.
            En una historia la exposición es el planteamiento (en la primera parte de Parque Jurásico nos explican cómo es la garra del velocirraptor y cómo el millonario construye un maravilloso parque donde vamos a ver al velocirraptor en libertad); el nudo es cuando surge un problema y todo se pone patas arriba (que es cuando se va la luz, los animales se escapan y todo se enreda); y el desenlace es cuando se resuelve el problema y todo vuelve a la normalidad (el velocirraptor quiere cazar a los niños con la garra que vimos en la exposición, y los niños se salvan). Así, una historia es una perturbación que surge en una situación inicial y en el desenlace se resuelve esa perturbación: todo vuelve al orden que había al principio.
            En una argumentación la introducción suele decir a veces por qué vamos a defender una idea (lo mismo que los códigos de leyes suelen empezar con una exposición de motivos); luego viene el cuerpo del texto propiamente dicho, el desarrollo (donde se encadenan las ideas dividiéndolas en partes); y por último en la conclusión se deja bien clara la idea principal que se estaba defendiendo (aunque esto no siempre sucede así).
            Otras veces en la introducción aparece la idea principal y en el desarrollo las ideas secundarias; eso depende de que el texto sea deductivo (cuando va de lo general a lo particular de manera firme y segura) o inductivo (cuando va de lo particular a lo general y llega a una conclusión que no es segura, sino probable). Ejemplo de texto deductivo: si los leones son mamíferos y los mamíferos son vertebrados, entonces los leones son vertebrados. Ejemplo de texto inductivo: las gallinas, los gorriones, los cuervos, las cigüeñas, las avestruces… son pájaros y tienes plumas, por lo tanto todos los pájaros tienen plumas.


            3º. Explicar cuál es la intención del autor; qué nos quiere decir el texto. Por ejemplo cuando Jesús nos cuenta la parábola del grano de mostaza ¿qué nos quiere decir? Que la Iglesia empezó siendo pequeña como una semilla y acabó creciendo hasta convertirse en algo grande como un árbol.

            4º. Y por último, comentar un texto es dar nuestra opinión sobre él y decir qué nos ha parecido; pero decirlo siempre de manera razonada (no vale decir “me ha gustado” o “estoy de acuerdo con él”, sino que hay que explicar por qué nos gusta y por qué estamos de acuerdo).

            Resumiendo: un buen comentario debe contener análisis, síntesis y conclusión. En el análisis definimos las palabras que no se entienden y dividimos el texto en partes, explicando lo que se dice en cada una de ellas. En la síntesis resumimos el texto y explicamos la intención del autor; y en la conclusión aclaramos la idea principal y damos nuestro punto de vista. El orden puede ser el siguiente:

  1. Buscar el significado de las palabras oscuras o nuevas. (Análisis).
  2. Resumen. (Síntesis).
  3. Dividir el texto en partes y explicar cada una de ellas. (Análisis).
  4. Explicar cuál es la intención del autor (la mayoría de las veces a partir de la idea principal). (Síntesis o conclusión).
  5. Dar nuestra opinión sobre el texto (si nos gusta, si estamos de acuerdo con él, y por qué). (Síntesis y conclusión).

Volvamos al ejemplo de la película: si un amigo nos pide que se la contemos debemos resumirla con claridad; luego volvérsela a contar detallando y explicando cada una de sus partes (procurando aclarar los pasajes oscuros y las escenas que no se entienden bien); luego intentar explicar lo que creemos que ha querido decir el director con esa historia y, por último, decir qué nos ha parecido.
      Concluyendo: que debemos ser fieles a la película (debemos contar exactamente lo que hemos visto, no inventarnos nosotros nuestra propia película); y que, si no la hemos entendido bien, debemos decir claramente qué es lo que no hemos entendido y de qué maneras posibles lo podríamos interpretar; para concluir opinando de manera que quien escucha pueda opinar también (y sólo podrá opinar si se la hemos contado bien).
      Y no digo más.



viernes, 10 de agosto de 2018

¿QUÉ QUIERE DECIR EDUCAR?




¿QUÉ QUIERE DECIR EDUCAR?  
  

            Muchas veces nos hemos preguntado qué es la educación. Sabemos que esta palabra procede del verbo “duco”, que en latín significa “guiar”, “conducir”; es el mismo significado que encontramos en la palabra “pedagogía”: de “paidos” (niño) y “agogé” (conducir). Si la educación, como la pedagogía, es el arte de guiar a los niños, la pregunta es: ¿hacia dónde los guiamos? ¿Cómo los llevamos, con qué objetivo?
            Con el mismo verbo se forma la palabra “demagogia”: el arte de guiar al pueblo; demagogia es conseguir que se vote democráticamente lo que tú querías que se votara, y para eso hay que seducir, maravillar a tu público, a veces embaucarlo; la demagogia es una desviación de la democracia donde el pueblo no vota lo que quiere sino lo que le da la gana; y le da la gana cuando se siente arrastrado por el verbo irresistible de un orador, que, como un corderillo, lleva al pueblo adonde quiere y hace creer que vota cuando la verdad es que se siente atraído como un imán: hacia ti, que eres el guía del pueblo. Guía, de “duco”, se dice “duce” en italiano, así llamaban en Italia a Musolini; Ceaucescu se hacía llamar “conducator”. ¿Es el educador un guía como Ceaucescu y Musolini, entendidos respectivamente como conducator y como duce? ¿Adónde conduce a los niños? ¿Qué tipo de guía es para ellos?
            Se conduce el coche para ir a algún sitio. Por ejemplo, yo quiero ir al museo del Prado. Pero James Mason también condujo a sus adeptos al suicidio. Hay sectas en las que se va adonde nos lleva el lider, y se hace lo que el lider quiere. ¿Es la educación un viaje en el que se va adonde nos lleva el educador? ¿Adónde nos quiere llevar? ¿En qué tipo de coche se emplea como conductor?
            La pregunta es: ¿de dónde salimos para realizar ese viaje? Si salimos de la escuela lo lógico es que se vaya a sitios como el museo del Prado. Si salimos de un entrenamiento es lógico que vayamos a jugar un partido. Si salimos del niño es lógico que vayamos adonde nos lleve la naturaleza del niño. Y ¿qué es un niño? La semilla de un adulto. Y ¿qué hay en esa semilla? Inteligencia, sensibilidad, hay un ser sociable, un cuerpo que crece, y voluntad. La educación no debe consistir en llevar al niño adonde nosotros queremos que vaya,  sino adonde su naturaleza quiere ir; que no suele coincidir con lo que el niño quiere. Un niño quiere grasa, pero su cuerpo pide verdura; quiere un móvil, pero su mente pide un libro; quiere lo que tienen los demás, pero su corazón le pide sólo lo que es suyo. Cuando le das a alguien lo que pide es demagogia; cuando le das lo que necesita (es decir, lo que le pide su naturaleza), aun en contra de su voluntad, entonces lo educas; educar es alimentar el espíritu como criar es darle alimento a su cuerpo.


            Sigamos con el símil de la democracia. En una verdadera democracia el pueblo no debería votar lo que quiere, sino lo que necesita; en caso contrario no sería democracia sino demagogia: y el pueblo, en lugar de ir adonde lo lleva su libertad, iría adonde lo llevan los políticos. Los niños todavía no saben hacer uso de su libertad, son menores de edad, no saben conducirse. Por eso necesitan un conductor, que es el maestro; el maestro no tiene por misión hacer a los niños a su imagen y semejanza, sino a imagen y semejanza de sí mismos. El maestro no es un cristal donde el niño tiene el modelo de lo que tiene que ser, sino un espejo donde él mismo se refleja. El buen maestro no te hace como él quiere que seas, sino que te deja crecer como tú eres.
            Hay maestros, y padres, que quieren que sus hijos sean unos cerebritos, y desarrollarán su mente olvidando que tienen cuerpo, y harán de ellos unos ordenadores, unos robots, unos sabios que no sabrán moverse, unos cuerpos paralíticos. Otros querrán convertirlos en atletas y desarrollarán su cuerpo, pero serán brutos. ¿Para qué lo desarrollarán? ¿Para ser felices, o para ganar títulos? ¿Se puede perder la infancia por culpa de una disciplina férrea que nos haga, como Nadia Comanechi, atletas de primer nivel? También los cerebritos participan en concursos, competiciones, olimpiadas del conocimiento. También ellos ganan títulos. ¿Para qué? ¿De qué te sirve la biblia en verso si te falta asertividad, empatía, inteligencia emocional, saber estar en tu saber ser?
            La semilla de los instintos éticos tiene que desarrollarse con ayuda del maestro. Y la autonomía, el niño tiene que aprender a estudiar solo a medida que vaya creciendo. También necesita desarrollarse en la sociedad: conocer el mundo en el que vive, saber adaptarse sin que el mundo se coma su libertad; hay que plegarse a la realidad que nos rodea porque si nos empeñamos en vivir en otra época distinta de la nuestra  la realidad se encargará de hacernos morder el polvo; pero también, como don Quijote, tenemos que aprender a luchar contra el mundo cuando el mundo te exige que dejes de ser libre y te impide el normal desarrollo de tu capacidad: que hay que luchar contra el mundo sin dejar de tener los pies en él, buscar en la tierra el suelo más favorable para nuestra semilla y que allí podamos plantarnos.
            Desarrollar nuestra inteligencia, no imitar el pensamiento de los otros (aunque lo podemos usar como modelo).  Desarrollar nuestro cuerpo, no hacerlo esclavo de objetivos contrarios a la naturaleza (aunque el mundo puede plantearnos nuevos retos). Desarrollar nuestro corazón, no inflar nuestro cerebro a costa de él: que seamos capaces de sentir pensando y de pensar sintiendo, y de creer en las cosas del corazón aunque a veces no las pueda explicar nuestra cabeza. Debemos desarrollar la inteligencia alimentándola con nuestro cuerpo, con nuestros sentidos, con la sensualidad, la piedad de la empatía, la seguridad en sí mismo, la firmeza: una mente bien asegurada está en un cuerpo bien completo; y no usa el ejercicio para combatir la masturbación, como se hacía antes, sino para equilibrar nuestros deseos; porque la educación, lejos de reprimir el desarrollo, lo que debe hacer es desarrollar lo que tenemos dentro.
            Y eso es, en definitiva, la educación: un viaje al interior de nosotros mismos, un camino donde alimentamos, para que crezca, la semilla de lo que somos. El mundo puede tirar de nosotros para que nos plantemos en él, y eso es bueno. El maestro debe ayudarnos a encontrar el camino cuando nos perdemos, llevarnos fuera para desarrollar nuestro ser: sacándolo fuera, sí, pero sacándolo de dentro. Educar es salir de sí para reencontrarse y hacer lo que nos recomendaba Nietzsche: ¡conviértete en lo que eres!