Mostrando entradas con la etiqueta atención. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta atención. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de abril de 2021

EL SABER

 


EL SABER

 


            “Saber”, en latín, se dice “ciencia”: “scientia”. En griego utilizamos la palabra “logos”. Y aunque originalmente significaron más o menos lo mismo, hoy llamamos lógica al estudio de las leyes del pensamiento y ciencia al de las leyes de la naturaleza. La misma lógica es una ciencia, la ciencia del pensamiento; la ciencia de la naturaleza se preocupa por saber cómo es el mundo, y como el mundo tiene muchas capas, lo mismo que si fuera una cebolla, cada capa es estudiada por una ciencia distinta; así aparecieron la física, la química, la biología… de modo que no podemos hablar de ciencia natural en singular, sino de una pluralidad de ciencias de la naturaleza. Y cuando queremos estudiar la naturaleza humana aparecen las ciencias humanas, que son ciencias naturales en su origen, pero luego acaban siendo otra cosa.

            Cada ciencia tiene su método. “Método” es una palabra que viene del griego “odos”, que significa “camino”: un método es un camino que recorremos para llegar a algún sitio, y el sitio al que quiere llegar la ciencia es el descubrimiento de la verdad. La ciencia de la lógica, de donde surgen las matemáticas, utiliza el método axiomático. Si la lógica estudia las leyes del pensamiento, podríamos decir que se ocupa de esa parte de nuestra experiencia mental que es nuestra forma de pensar, no los pensamientos que tenemos. Nuestros pensamientos surgen de la experiencia exterior: “experiencia” se dice en griego “empiría”, que significa sensación, o más bien percepción, y que se guarda en la memoria; por eso a las ciencias que estudian la realidad se las llama empíricas. Las cosas que observamos sólo se convierten en ciencia si las guardamos en la memoria; si olvidáramos lo que nos pasa tendríamos sensaciones, pero no recuerdos, y sin recuerdos no es posible estudiar nada; los libros son almacenes donde vamos apuntando, como si fueran memorias de papel, todo lo que descubrimos.

            Pues bien, si la lógica y las matemáticas utilizan el método axiomático, las ciencias de la naturaleza utilizan el método hipotético-deductivo. Pero hay otra clase de ciencias empíricas que son las ciencias humanas: las ciencias humanas pueden utilizar el método axiomático, como hacen también las ciencias de la naturaleza; pueden utilizar incluso el método hipotético-deductivo; pero lo más propio de ellas es el método hermenéutico: que es la interpretación de los textos; podemos buscar en los restos arqueológicos las causas de lo que ha ocurrido, pero sólo comprendemos de verdad cuando comprendemos los pensamientos de las personas: y en la historia, el derecho o la religión los pensamientos están contenidos en los textos que se han conservado a lo largo de los siglos.

            El método hipotético-deductivo es el que utilizan las ciencias naturales. Si el científico fuera un gato, el método sería comparable a un suelo desde el que saltamos para llegar cada vez más alto antes de volver al suelo, y caer nuevamente sobre nuestras cuatro patas; cuanto más alto saltemos mayor será el alcance de nuestra mirada; es más, con cada salto vemos construyendo nuevos balcones desde donde mirar para ver mejor y más ampliamente nuestro mundo

            El suelo desde el que saltamos es la realidad que estamos observando; y el suelo al que volvemos es la realidad a la que estamos probando; si observar es analizar, estudiar, desmenuzar nuestra experiencia, probar es provocar, tentar, obligar a la experiencia a que responda a nuestras preguntas; lo que empieza siendo una experiencia acaba siendo un experimento; es como si la realidad fuera un amigo al que estamos probando continuamente para asegurarnos de su amistad. 


            Pero nosotros no observamos las cosas así porque así; nos interesamos por ellas cada vez que tenemos un problema. Podemos pasar por una calle sin fijarnos en lo que tenemos alrededor; pero si hemos perdido las llaves la volveremos a recorrer prestando atención al suelo para ver si las encontramos; o si nos dicen que en esa calle hay un cine la recorreremos de nuevo fijándonos en los escaparates para ver si encontramos el cine; estudiar no es ver inconscientemente sin darnos cuenta de lo que vemos; sino mirar con atención para ve si encontramos lo que buscamos.

            Así, pues, nuestra experiencia debe ser consciente. Las cosas se guardan en nuestra memoria sólo si las tenemos en la conciencia; nuestra experiencia inconsciente no nos permite hacer ciencia. De modo que si tenemos un problema y nos damos cuenta de que lo tenemos, vamos a estudiar la manera de resolverlo. Yo veo un gato; me doy cuenta de que su piel, sedosa, tiene pelo. Otro día voy a casa de mi amigo y su perro, que me conoce, salta sobre mí y lo acaricio también. En el bosque veo ardillas, nutrias y ratones y todos esos animales tienen pelo. De repente tengo un flash: una luz que se enciende en mi interior y me hace ver lo que tenía delante y no me daba cuenta de que lo veía porque no lo estaba mirando: que todos esos animales amamantan a sus crías; todos son mamíferos; y todos esos mamíferos tienen pelo.

            Entonces me vienen a la mente dos preguntas, una exclusiva y otra inclusiva. Pregunta exclusiva: ¿hay animales que, aunque no sean mamíferos, también tengan pelo? Busco y encuentro: sí, las moscas tienen pelo. Pregunta inclusiva: ¿hay mamíferos que no tengan pelo? Entonces tengo que buscar entre los mamíferos más exóticos, los más alejados de mi experiencia, y comprobarlo. Busco entre los elefantes y los cetáceos, delfines, rorcuales, orcas y ballenas; y descubro que tienen pelo. Entonces se va afianzando poco a poco mi intuición anterior Y cada vez estoy más seguro de mi descubrimiento.

            Rebobinemos la película para ver cómo ha empezado todo. Primero vi, sin mirar (es decir sin observar), el pelo de un gato, un perro, una ardilla y un ratón. Luego descubrí, sin buscar, que aquellos animales peludos tenían mamas: fue un descubrimiento súbito, un flash, una sorpresa, una iluminación; solemos decir vulgarmente que se nos encendió la bombilla; el faro de la atención; a partir de entonces empezamos a fijarnos en las cosas que hemos estado viendo. Esa luz se ha encendido cuando, sin querer, hemos conectado dos hechos que antes percibíamos por separado: el pelo con las mamas; y se nos ha ocurrido la idea de que los animales que tienen mamas también tienen pelo; esos dos hechos se han conectado lo mismo que si hubiéramos conectado dos cables que salen de un generador; al unirse, han creado una corriente y se ha encendido la bombilla; y al unirse el pelo con las mamas se ha encendido una idea que teníamos en la mente, pero sin verla: que todos los mamíferos tienen pelo.

            Esa idea es una hipótesis: algo que sucede con unos cuantos mamíferos que hemos visto, pero no sabemos si sucede con todos; algo probable, pero no probado. La hipótesis, que ha surgido por iluminación, ha sido como una aparición, una revelación, un descubrimiento; y ha surgido en el momento en que hemos unido dos cosas que antes percibíamos por separado: el pelo en la piel y las mamas en la parte inferior (delantera, en el caso de la especie humana) del cuerpo.

            Antes de ocurrírsenos esa idea (esa que llamamos hipótesis) estábamos explorando, viviendo una experiencia (en el ejemplo que nos ocupa, todo ha sucedido casi sin darnos cuenta, pero en muchos otros casos la observación es consciente y premeditada). Pues bien, cuando estamos observando las cosas las separamos para verlas más detenidamente. Ese separar las cosas para verlas mejor de manera aislada, cada una por su lado, es el análisis; lo mismo que en un análisis de sangre separamos las plaquetas, los glóbulos y el plasma para verlos (y estudiarlos) cada uno por su lado. Analizar las cosas es mirarlas con un zoom hacia adelante, para aumentar el tamaño de su imagen y distinguirlas mejor una por una. 



            Pero la hipótesis es otra cosa. Imaginar una hipótesis es como echarnos hacia atrás y mirar las cosas una al lado de otra buscando, entre todas ellas, cuáles podemos juntar: a eso lo llamamos síntesis, es decir unión; si en el análisis separábamos las cosas para ver mejor el detalle, en la síntesis volvemos a juntarlas para ver mejor el conjunto; y el problema de la mente es, basándonos en lo que tenemos almacenado en nuestra experiencia anterior, cuáles son las cosas que deben ir juntas; no olvidemos que la experiencia es la memoria de las cosas que hemos vivido antes, las que hemos percibido y sentido, las que se han acumulado a lo largo de nuestros años. Ya no se trata de inducción, y mucho menos de deducción, se trata ahora de costumbre; de la costumbre de ver las cosas de una manera y no de otra; para dar saltos entre todas las posibilidades, y elegir, entre tantas variables posibles, cuáles son las que tendríamos que conectar, nos resulta muy útil la imaginación; la imaginación, muchas veces auxiliada por la lógica, o al revés; la experiencia anterior, sirviéndonos de modelo para las nuevas experiencias, puede descubrirnos la estructura antigua en la que podemos calcar los nuevos datos; por ejemplo, cuando la fórmula de Newton para la gravedad fue transformada por Coulomb para convertirla en la nueva fórmula que estudiaba el campo eléctrico.

            Y si el análisis de la realidad (es decir de los datos) funcionaba antes como un zoom hacia delante, la síntesis de la hipótesis funciona, ahora, como un zoom hacia atrás. La exploración termina en descubrimiento. Ese descubrimiento, al trabajar como un faro, lo podemos enfocar en direcciones distintas para encontrar nuevas conexiones y ahora no sólo con el dato inicial, sino sobre todo, también, con la hipótesis que hemos encontrado. Es como si la hipótesis abriera un radio de acción que contiene multitud de fenómenos compatibles con ella; entre todos hay que buscar los que, además de ser compatibles, son dependientes de ella; aquellos que son sus efectos, y que tienen, por lo tanto, a la hipótesis como causa. Lo que estamos buscando ahora son nuevos descubrimientos que puedan predecirse a partir de la hipótesis.

            Estos fenómenos pueden corresponder a la parte no visible de la hipótesis (como si estuviéramos viajando a la cara oculta de la luna). Volviendo a nuestro ejemplo: a la hipótesis de que todos los mamíferos tienen pelo hemos llegado a partir de unos cuantos mamíferos (perros gatos, ardillas, ratones) que forman parte de nuestra experiencia; se trata ahora de llegar a mamíferos ignotos: mamíferos extraños que no forman parte de nuestra experiencia; por ejemplo las ballenas; no hemos tocado nunca una ballena, no sabemos si su piel de mamífero tiene algún tipo de pelo. El razonamiento se expondría así:

 

            Si todos los mamíferos tienen pelo (hipótesis)…

            … también las ballenas, que son mamíferos, deberían tenerlo (predicción).

 

            En este ejemplo predecimos cómo deberían ser las características de algunos animales: pero también se pueden predecir acontecimientos nuevos; por ejemplo si se forman arco iris cuando llueve y hace sol (hipótesis), también podríamos construir fuentes donde la luz produjera arco iris (predicción): este descubrimiento se lo debemos a Descartes.

            Una vez que se ha predicho un fenómeno enfocándolo con la hipótesis sólo nos queda cotejarlo con los hechos: y es cuando el gato, que ha saltado desde el suelo, vuelve a él aterrizando sobre sus cuatro patas; como cuando se cae desde las alturas y, aunque tenga que hacer piruetas, se coloca sobre sus patas para caer al suelo sin hacerse daño. Una buena hipótesis produce predicciones que son como piruetas que nos devuelven al suelo sin rompernos ningún hueso; porque cuando eso sucede es porque la hipótesis, o sus predicciones, no eran buenas.

            Este método se desenvuelve, por consiguiente, en cuatro pasos: exploración, iluminación, enfoque y cotejo; o como se dice en la literatura científica: observación, hipótesis, consecuencias y contrastación.  



            Observación: es la exploración de una parte de la realidad; explorar es buscar cosas, o también buscar caminos para llegar a las cosas que nos interesan; cuando exploramos nos vamos acercando a las cosas para verlas bien en sus detalles, y acercarse a algo es como separar sus partes; yo veo una mosca y sus pelos parecen tupidos, pero si la miro con una lupa sus pelos se agrandarán, y también el espacio que hay entre ellos; y el efecto conseguido es como si los pelos se separaran. La observación, o exploración, es como una separación, una división: un análisis.

            Hipótesis: es la iluminación, la fusión de dos realidades (las mamas y el pelo) que parecían separadas pero que ahora descubrimos que van juntas; en esa conexión la realidad que estaba oculta se nos revela; conocíamos las mamas y el pelo, pero no conocíamos la relación que había entre ellos: y es como si apareciera una nueva realidad ante nosotros. Descubrir la unión de dos cosas que antes creíamos separadas es hacer una síntesis entre datos. Y para unir dos cosas tenemos que echarnos hacia atrás para ampliar el campo de visión, para ver el conjunto del que habíamos separado los detalles. Si en el análisis alcanzábamos primeros planos, con la síntesis miramos planos de conjunto.

            Consecuencias: las conseguimos variando el enfoque que damos a la hipótesis según lo que queremos mirar; enfoques que unas veces se hacen al azar y otras son guiadas por la costumbre (auxiliada, según los casos, por la imaginación o la lógica o por las dos a la vez). Si al enfocar en la dirección adecuada descubrimos consecuencias que se derivan de la hipótesis, entonces es como si una realidad (una predicción) se revelara dentro de otra (la hipótesis); como si dentro del bizcocho apareciera el relleno, o como si debajo de las ruinas de Troya aparecieran las ruinas de otra ciudad que era la misma Troya muchos años antes. El descubrimiento de nuevas predicciones se hace analizando la hipótesis y viendo cuáles son sus predicciones; frente a la observación, que es un análisis empírico, la búsqueda de predicciones (o lo que es lo mismo de consecuencias) es un análisis conceptual; pero un análisis conceptual que se inspira en las analogías de la hipótesis con otras experiencias distintas, y por eso su enfoque es una combinación de análisis de ideas (es el territorio de la lógica aplicada a los hechos) y de síntesis de fenómenos ya conocidos en otros lugares de la experiencia (y es aquí el lugar de la analogía).

            Contrastación: es el cotejo de las predicciones con la realidad, el experimento propiamente dicho. Se trata de comprobar si un producto de nuestra mente (la hipótesis), construido con materiales lógicos y analógicos que se añaden a las observaciones de la realidad (los datos), sigue perteneciendo a la realidad o se aleja de ella. Las hipótesis y sus consecuencias contienen una parte observada y otra parte inventada; si la parte inventada también es observada en la realidad, es porque nuestra hipótesis es atinada, acertada, y conforma a los hechos; en caso contrario no habremos tenido acierto. La hipótesis, y sus consecuencias, contienen al mismo tiempo especulaciones y datos; si la parte especulativa es mucho mayor que la parte empírica, las conjeturas serán menos realistas y más fantásticas, menos científicas y más artísticas; eso sólo se puede descubrir probando la hipótesis en el mismo sentido en que hablamos de probar una comida; demostrar una hipótesis, a diferencia de demostrar un teorema, es mucho más que someterla a la lógica, es confrontarla con la realidad: eso es lo que llamamos someterla a prueba.

            La parte del método que se ciñe a la realidad son el punto de partida (la exploración) y el punto de llegada (la prueba). La hipótesis y la deducción de consecuencias que hacemos a partir de ella son la parte especulativa: por eso a este método lo llamamos hipotético-deductivo. Pero habría que advertir que a las consecuencias se llega pensando, y no sólo pensamos deductivamente, sino también por hábito y por analogía; hipotético-racional sería una denominación más acertada. El método contiene, pues, un suelo empírico (la observación y la prueba) y un techo especulativo (constituido por la hipótesis y sus consecuencias).

            Lo que llamamos observación es una exploración de la realidad que se puede desencadenar, espontáneamente o motivada por algún problema que necesita resolverse. Espontáneamente: como el descubrimiento, inesperado, de que los mamíferos tienen pelo (y hasta por accidente, como cuando Fleming descubrió a penicilina). A causa de un problema: como cuando una epidemia obliga a buscar una vacuna. Pero hay una tercera causa que nos impulsa a observar las cosas: la curiosidad. Ya lo decía Aristóteles, la filosofía surge del asombro, de la curiosidad de ver cosas inexplicables que tenemos la necesidad de explicar. Espontaneidad, problema y curiosidad: tales son las motivaciones que nos proyectan hacia el mundo del saber.

 


 

viernes, 4 de octubre de 2019

CÓMO TOMAR APUNTES EN CLASE



CÓMO TOMAR APUNTES EN CLASE


             Con frecuencia el ponente introduce su charla (verbalmente o mediante diapositivas) enumerando y nombrando las partes en que va a dividir su discurso; cuando tomamos apuntes convine e escribirlas al principio y enumerarlas; luego, cuando empieza con cada una de ellas, escribimos su título y, si no nos ha dado tiempo, ponemos el número, dejamos la línea en blanco y ya la escribiremos al final.
            Suele ocurrir que cada una de esas partes se subdivide a su vez en varias partes más pequeñas: hagamos lo mismo. Una forma de hacerlo es introducir sangrías mayores a medida que las subdivisiones van siendo menos importantes. Por ejemplo, supongamos que el ponente empieza así:

Voy a hablar de los trastornos psicológicos. Después de una breve introducción histórica iré exponiendo uno a uno cada uno de esos trastornos: la tristeza, la ansiedad, las fobias, las TOC, el estrés postraumático, la esquizofrenia y los problemas alimentarios.
            Antiguamente se pensaba que los trastornos eran envenenamientos del alma y los producía el demonio metiéndose dentro de nosotros; por consiguiente la única cura posible era el exorcismo. Después Hipócrates rechazó su origen sobrenatural y los estudió únicamente como fenómenos de la naturaleza. Para Platón, en cambio, estos trastornos en parte eran divinos y en parte tenían un origen ético. Nosotros los dividiremos en cuatro categorías: depresión, ansiedad, esquizofrenia y problemas alimentarios; dentro de la ansiedad incluiremos las fobias, los TOC, el estrés postraumático y la ansiedad generalizada.
            La depresión es una tristeza que en un treinta por ciento tiene origen genético; también intervienen factores ambientales (como las drogas, el tabaco, el alcohol) y otros más fisiológicos o personales. Sus síntomas suelen ser un estado anímico bajo, dificultad para dormir, cambios bruscos de peso (a más o a menos) y dificultad para el placer; se trata con antidepresivos (que afectan a la serotonina) y psicoterapia.
            La ansiedad se caracteriza por preocupaciones diarias intensas y ataques de pánico (o, como se dice generalmente, ataques de ansiedad). Entre sus síntomas encontramos el nerviosismo, las sensaciones de peligro y los problemas para concentrarse; puede tener causas genéticas, sobre todo físicas (un desequilibrio químico en el cerebro), pero también ambientales (como distintos tipos de presiones, por ejemplo en los exámenes). Se cura con psicoterapia, sobre todo terapia cognitivo-conductual, y también con fármacos. Hablemos ahora de las distintas manifestaciones de la ansiedad, como las fobias, el TOC o el estrés postraumático…

            La charla sigue: detengámonos ahí; se trata sólo de un ejemplo. Desde los primeros momentos nos hemos dado cuenta de que el problema de los trastornos empieza con una clasificación muy precisa; y que para cada categoría el orador considera, sistemáticamente, tres apartados: síntomas, causas y tratamiento; puede que al principio hayamos vacilado un poco, pero rápidamente las cosas se ordenan en nuestra cabeza. Nuestros apuntes se ordenarían así:

  
LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS

  1. Introducción.
Antiguamente sólo se curaban con el exorcismo.
Hipócrates pensaba que tenían un origen natural.
Para Platón eran, en parte, trastornos divinos, y en parte eran éticos.

  1. Clasificación: depresión, ansiedad, esquizofrenia y problemas alimentarios.
2.1.Depresión: es una tristeza que en un 30% puede tener origen genético.
a)      Síntomas:
Estado anímico bajo.
Dificultad para dormir.
Cambios bruscos de peso (a menos o a más).
Dificultad para el placer.
b)      Causas:
Genéticas en un 30% de los casos.
Factores ambientales (drogas, tabaco, alcohol).
Fisiológicas.
Personales.
c)      Tratamiento:
Antidepresivos (inciden en la serotonina).
Psicoterapia.
2.2.Ansiedad:
a)      Síntomas:
Nerviosismo.
Sensaciones de peligro.
Problemas para concentrarse.
b)      Causas:
Genéticas.
Físicas (desequilibrio químico en el cerebro).
Ambientales (distintos tipos de presiones, por ejemplo en los exámenes).
c)      Tratamiento:
Psicoterapia (sobre todo cognitivo-conductual).
Fármacos.
                                               Tipos de ansiedad:
·         Fobias.
·         TOC.
·         Estrés postraumático.
·         (Ansiedad generalizada).
(Fig. 3)

Con lo que hemos escuchado de la conferencia habremos podido, incluso antes de empezar a tomar apuntes, hacer un esquema de toda la charla. Lo hizo el ponente al principio de su presentación. El esquema es el siguiente:

LOS TRASTORNOS PSICOLÓGICOS

A.- Introducción histórica.
B.- Clasificación de los trastornos.
1. Depresión (tristeza):
            I. Fobias.
            II. TOC.
            III. Estrés postraumático.
            IV. Ansiedad generalizada.
2. Ansiedad:
3. Esquizofrenia.
4. Problemas alimentarios.

C.- Conclusión.


            Si tenernos a mano ese esquema durante la toma de apuntes no nos perderemos en ningún momento; cada vez que el ponente empiece un punto nuevo nosotros lo marcaremos en el esquema de la charla con un punto o una raya y lo escribiremos en el cuerpo de nuestros apuntes. Si es posible ir ordenando las subdivisiones de cada uno de esos puntos, podremos utilizar sangrías, y así tendremos un esquema sinóptico. Por ejemplo:

  1. Introducción.
·         Antiguamente los trastornos psicológicos sólo se curaban con el exorcismo.
·         Hipócrates pensaba que tenían un origen natural.
·         Para Platón eran trastornos divinos en parte, y en parte éticos.
  1. Clasificación… etc.
(Fig. 1)

Pero si no conseguimos separar en nuestra mente las distintas partes que tiene cada epígrafe lo podremos hacer de forma redactada. El anterior fragmento quedaría así:

  1. Introducción.
Antiguamente los trastornos psicológicos sólo se curaban con el exorcismo; después Hipócrates pensaba que tenían un origen natural, pero para Platón eran trastornos en parte divinos y en parte éticos.
  1. Clasificación… etc.
(Fig. 4)

¿Qué diferencia hay entre la primera forma de trabajar y la segunda, entre el esquema y el resumen? Resumir es tomar las palabras del conferenciante en el tiempo que podamos; teniendo en cuenta que él siempre hablará más rápido de lo que nosotros escribimos, y está claro que por lo menos la mitad de lo que dice no lo podemos escribir; la cuestión es entonces distinguir lo importante (y apuntarlo) de lo superfluo (y omitirlo). Sin esta habilidad (distinguir lo importante de lo accesorio) no podemos tomar apuntes. Esta habilidad se desarrolla acostumbrándose uno a pensar; no dejando que los demás piensen por nosotros (para copiarlo nosotros después). Habría que inventar un juego que consistiese en dar instrucciones con muchas cosas superfluas mezcladas con lo importante, como se suele decir: con mucha paja envuelta en el grano; y que los ganadores de ese juego serían quienes hicieran lo que se les dice: para lo cual tienen que distinguir lo principal de lo accesorio. Otra forma de acostumbrarse a distinguir las ideas importantes es acostumbrarse a leer mucho. Centrarse en lo importante es como poner una lupa sobre el follaje para enfocar el insecto que estamos buscando. Es como si nuestra mente fuera un teatro, y en ella pusiéramos un vigilante que pusiese el foco en la parte del escenario que queremos que vea el público, valiéndonos para ello del texto que contiene las instrucciones del autor.


      De modo que la primera habilidad es distinguir lo importante de lo accesorio. La segunda es ordenarlo. Ordenar es colocar las cosas separándolas por temas (a esto último se le llama clasificar); y luego juntar cada grupo o clase de cosas que se parecen entre sí. Por ejemplo, meto los tornillos en una caja. Las tuercas en otra, los lápices en otra, en otra los destornilladores, en otra los cuadernos, en otra las gomas… Luego junto las cajas que contienen lápices, cuadernos y gomas y los meto en un armario y lo identifico como material escolar; lo mismo hago con los tornillos, tuercas y destornilladores y los junto, debidamente clasificados, en el almacén de mecánica. Clasificar y ordenar son respectivamente separar y juntar. Y haciéndolo establezco jerarquías: por ejemplo, las novelas las meto dentro del armario de literatura, que contendrá también poesía y teatro; y ordenaré los libros de ciencias en otro armario en el que separaré la física, la química o la psicología. El orden (todo orden jerárquico) quedaría así:

  1. Libros.
1.1. De literatura.
1.1.1. Novela.
1.1.2. Teatro.
1.1.3. Poesía.
1.2. De ciencias.
1.2.1. Física.
1.2.2. Química.
1.2.3. Psicología.
  1. Almacén de mecánica.
2.1. Accesorios y piezas.
2.1.1. Tornillos.
2.1.2. Tuercas.
2.2. Herramientas.
2.2.1. Destornilladores.
2.2.2. Martillos… etc.

            Volvamos nuevamente sobre el texto que nos ocupa. El discurso del que estamos tomando apuntes es como un armario que contiene tres cajones (y tendríamos entonces la fig. 5, que quedaría como sigue):

            A.- Introducción histórica.
            B.- Clasificación de los trastornos.
            C.- Conclusión.

            Sabemos que el segundo cajón (o, si lo preferimos así, el segundo armario) contiene cuatro estanterías, y lo sabemos porque lo ha dicho el autor. Estas cuatro estanterías son (y ésta sería la fig. 6):

  1. Depresión.
  2. Ansiedad.
  3. Esquizofrenia.
  4. Problemas alimentarios.

También sabemos que en la segunda estantería hay tres separaciones (tres tablas o baldas) que delimitan cuatro compartimentos (sería la fig. 7):

I.                   Fobias.
II.                TOC.
III.             Estrés postraumático.
IV.             Ansiedad generalizada.


Todo eso lo sabemos porque nos lo ha dicho el autor. Su discurso, pues, está jerarquizado en recipientes cada vez más pequeños: almacén, armario, estante, compartimento. Cuando el autor anuncia cada una de las partes de su discurso (un discurso es como un almacén de palabras, cada armario es un párrafo (en este caso, numerado) y, dentro de cada párrafo, cada subdivisión (estante, compartimento) se marca con una sangría dentro del párrafo donde está (ésta sería la fig. 1).
Pero cuando al autor no dice cuáles son las partes de su discurso (sería la fig. 4) hay que adivinarlos; mejor dicho, hay que descubrirlas, hay que mirarlas, hay que encontrar dónde están; el párrafo de la fig. 4 es semejante a un cajón donde hay mezclados melocotones, naranjas y tomates, y nosotros tenemos que separarlos en cajas distintas; es como si en la fig. 3 la primera línea dentro del epígrafe “introducción” fuera la de los melocotones, la segunda la de las naranjas y la tercera la de los tomates.
      ¿Cómo hace el vendedor? Muy fácil: él sabe distinguir los melocotones de las naranjas y los tomates. ¿Cómo hace, para convertir la figura 4 en la figura 3, la persona que está tomando apuntes? Muy fácil: aprendiendo a distinguir unas ideas de otras. ¿Y eso como se hace? Prestando atención. Muchos no saben tomar apuntes porque no prestan atención a lo que oyen; oyen, pero no escuchan; el problema de mucha gente que está tomando apuntes es que no se fija en lo que se dice; o se fija en otras cosas, quizá porque éstas no le interesan, su mente no se centra; si la atención tiene su punto de arranque en el interés, la distracción brota del desinterés, es decir del aburrimiento. No hay esquema de trabajo que pueda enseñar apuntes a quien no pone interés ¿Y cómo puede poner interés alguien que tiene que prestar atención a algo que no le interesa? Obligándose. Poniendo fuerza de voluntad. Sacando energía de donde no la tiene, ¿y por qué no la tiene? Porque ha decidido dedicar sus fuerzas a jugar a las cartas y no a centrarse en un discurso del que tiene que sacar apuntes.
      El punto de arranque es, pues, una simple decisión: quien decide dedicar sus energías a tomar apuntes aprenderá a tomar apuntes, es lo que Daniel Goleman llama automotivarse: obligarse a sí mismo a coger gusto a las cosas que no le gustan, si considera que valen la pena; si no me gusta la música clásica y sé, porque lo intuyo, que la música clásica es buena, debo obligarme a escucharla y, entre escucha y escucha, procurar informarme sobre ella y hablar con gente que entienda; y así, obligándome un día sí y otro también, llegará un día en que ya no tendré que obligarme: me acabará gustando; la fuerza de la costumbre me habrá familiarizado con esos sonidos y la comprensión de lo que oigo le habrá ido dando sentido a lo que escucho; al final, el gusto será una combinación de la familiarización con la música y el pensamiento que habrá encontrado densidad en ella; no es lo mismo que familiarizarse con cosas vanas y simplonas (que no simples), que será acostumbrarme a lo fácil y en lo fácil se esconde el mal gusto.
Aristóteles pensaba que los hábitos se adquieren por la repetición de los mismos actos, pero esta repetición tiene que brotar de un acto de la voluntad la cual, a su vez, surge de la razón. Los hábitos razonables son virtudes (Aristóteles los llama hábitos buenos); pero acostumbrarse a lo fácil es vicio, porque lo fácil nos quita las ganas de esforzarnos y la falta de esfuerzo es falta de vida (ya que la vida se potencia haciendo frente a la adversidad, superando los retos cuando los retos son obstáculos que dificultan el vivir).
      Tomar apuntes, en suma, requiere dos cosas: una es prestar atención, poner empeño, esforzarse, y otra es saber distinguir el orden de las ideas y la jerarquía de los conceptos. La segunda es, para algunos, una capacidad innata que hay quien ha tenido la suerte de tener (suerte que no han tenido quienes han nacido con síndrome de Down, por ejemplo); pero la mayoría consigue aprenderla con ejercicio, esforzándose en poner interés si consideramos que vale la pena aunque no nos interese; sería inútil pretender que el profesor nos lo enseñara como por ciencia infusa sin que nosotros moviéramos un solo dedo; no se puede aprender ninguna técnica de trabajo abandonándose uno a la pereza; el dominio de las técnicas, si bien es preciso que alguien te las enseñe cuando tú no sabes aprenderlas solo, en el fondo es simplemente tener fuerza de voluntad.