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sábado, 15 de junio de 2019

ONTOLOGÍA DEL JUEGO



ONTOLOGÍA DEL JUEGO
  

 1. Definiciones fundamentales.

            Recordemos que existen dos clases de juego, dos estructuras de lucha, dos formas de luchar: la teletaxia y la televida.
            La lucha por la existencia es teletaxia.
            La lucha por nuestra forma de ser es televida.
            La historia es lucha por la existencia temporal.
            La lucha contra el tiempo es la patética. Hay dos formas de patética: la lucha por la existencia impuesta (tragedia) y la lucha por la existencia eterna (mística); el drama de vivir nuestro tiempo interior (nuestra historia) contra un tiempo que nos viene de fuera (el destino) hace que podamos caracterizar la tragedia como erótica y lucha del anacronismo.
            A través de la tragedia buscamos una existencia más acorde con nuestro ser; también lo hacemos a través de la mística; el goce trágico y el goce místico son, por consiguiente, en tanto que reconciliación de nuestro ser con el mundo, una búsqueda de lo esencial; por eso son trascendentes.

2. Definiciones complementarias.

            El descanso es reposo o juego. El reposo es una forma de descansar en la que se detiene la conciencia apartándose de la lucha (por ejemplo durante el sueño). El juego es el descanso consciente. También durante el reposo se puede prolongar la lucha, pero es ya en el inconsciente: sueños, pesadillas y (quizá también) ensoñaciones.
            El juego puede ser laboral o lúdico. Es juego laboral el que sirve a la lucha por la existencia (trabajo en sentido bíblico como maldición o cadena). El juego lúdico sirve al ocio consciente, en su doble aspecto de trabajo por la esencia y diversión (que son conceptos que se solapan): ambas caen bajo la etiqueta de afición (hay aficionados al fútbol y aficionados a la filosofía, al ajedrez, a la baraja, a la música o al teatro). El juego lúdico es entretenimiento. El juego laboral es obligación.
            El juego puede ser de tiempo o de pasatiempo. Es juego de tiempo cuando utiliza el tiempo para vivir en él, y es pasatiempo cuando se sale de él sin ir a ninguna parte (se habla entonces de matar el tiempo o pasar el rato: el pasatiempo llega incluso a llamarse “matarratos”). Como la vida es tiempo, matar el tiempo es morir un poco: si es en busca de la eternidad estaríamos en la mística; pero si es para quedarnos fuera del tiempo y de la eternidad estaremos muertos en vida: tal es el aburrimiento, spleen de los poetas, que lleva a la desesperación y la angustia.
            El juego lúdico es el mundo de la comedia o de la mística; el juego laboral es el de la tragedia o el drama.
            El juego laboral es tentación o compromiso. En la tentación, se captan voluntades mediante la destrucción de la voluntad ajena (convirtiendo el deseo en capricho). En el compromiso, dos rivales compiten en calidad para ganarse el sustento: tal es la competitividad.
            El juego lúdico es exhibición o carácter. Es carácter la superación de sí mismo por el mero placer. La exhibición es, también, superación de sí mismo, solo o frente a otros, pero sólo para recibir el aplauso del público; ganar es aquí ser reconocido como el mejor, y no importa tanto serlo como parecerlo; ganar un partido de tenis puede suponer superioridad real sobre el adversario, pero también marcar un tanto en el momento adecuado; ganar un partido de fútbol puede deberse a haber tenido la suerte de marcar un gol, aunque  el otro equipo sea mejor que nosotros.
            La tentación, la exhibición y el compromiso admiten trampas; el carácter, no.


3. El ocio en el juego: nuevas definiciones.
             
            El esfuerzo, tanto trascendente (concentración) como inmanente (trabajo), produce alegría. Volvamos sobre algunas cuestiones importantes.  
            La vida es ocio. Llamamos ocio al empeño de la esencia por instalarse en la existencia. Tres son las formas fundamentales del ocio: el trabajo por ser nosotros mismos (en él se cifra el carácter, cimentado en la afición, el gusto, el hobby); la diversión (que es distracción del esfuerzo para superar el cansancio); y el descanso.
            Pero todo esfuerzo supone un desgaste que debe ser reparado: y lo hace mediante el descanso. El descanso es un periodo de inactividad durante el cual se llenan las fuerzas perdidas
            Pues bien, hay una forma de descanso proyectado en formas, más que trascendentes, intrascendentes, en el ocio. El ocio generado tras el esfuerzo es diversión; el que genera la pereza es, por el contrario, distracción y pasatiempo. Normalmente el divertirse produce risa, que es una forma agradable de relajarse; el humor es, pues, también una forma de esparcimiento.
            En la conciencia trascendente hay tres formas nobles (arte, ética y ciencia) a las que corresponden otras tres formas devaluadas (respectivamente el juego, el humor y la técnica).
            Ciencia es ver el mundo desde fuera. Esto implica estar fuera del mundo.
La alegría es producto del esfuerzo, y cuesta; el placer es gratis, no requiere trabajar. Entre ambos se sitúa el arte que, por participar de los dos, es a la vez esfuerzo y descanso, alegría y placer, arte y juego, compromiso y evasión; esta doble naturaleza del arte hace que a veces se confunda la tensión artística con el placer ocioso: por ejemplo, a la hora de distinguir entre la danza y el baile.
También vivimos con distancia lo que les pasa a los demás (por el mero hecho de que a nosotros no nos pasa): por eso nos reímos de los males ajenos sin sentirlos en carne propia. Es el mundo de la comedia, del humor, pero también del juego y del arte.
Podemos distinguir entre necesidades de supervivencia y necesidades de realización: las primeras se caracterizan por la competitividad; las segundas, por la competencia. La primera requiere que los seres que interactúan sean compatibles: a esta compatibilidad la llamaremos valencia.
Atendiendo al tipo actitudinal de la valencia (de respeto o de desprecio) se pueden establecer cinco tipos de lucha (agresión, competición, negociación, crítica y plenitud):

a)      Lucha por la existencia (competitividad):
(1)   Agresión: interacción entre dos seres cuyas necesidades son incompatibles.
(2)   Competición: interacción entre dos seres cuyas necesidades convergen en el mismo objeto, y sólo uno lo puede poseer.
(3)   Negociación: lucha desencadenada entre dos contendientes por deseo de ambos y con necesidades compartidas.
b)      Lucha por la esencia (competencia):
(4)   Crítica: relación entre un sujeto guiado por la necesidad y un objeto que introduce una posibilidad: así, yo deseo saber y el mundo tiene capacidad de proporcionarme datos.
(5)   Plenitud: afán de superación, de mejora; eleva el nivel ontológico del individuo (un individuo bueno tiene más ser que uno malo o malvado).

En el capítulo dedicado a la historia aparecían ya caracterizados estos cinco tipos de lucha; los dos últimos tienen que ver con la esencia, cuyas puertas nos adentran en ese tipo de felicidad a que llamamos plenitud; y los tres primeros, de manera especial el segundo, tienen que ver con el juego, particularmente con sus dos dimensiones: aristónica (búsqueda de la perfección) y agónica (lucha por la existencia).


4. Anatomía del espectáculo: pereza y esfuerzo.

            Juego sensorial. Requiere esfuerzo del autor; un esfuerzo corporal en actividades como el montañismo o el esquí, o un esfuerzo mental cuando se trata de crear obras: pues la inspiración se prepara con el trabajo y también requiere trabajo una vez que la hemos despertado; si el público se esfuerza en interpretar la obra mientras la contempla, evita esa pasividad característica de la pereza del consumidor: una pereza corporal cuando nos dejamos llevar por las atracciones o por la comida basura; o mental, cuando consumimos productos, necesariamente superficiales, de inspiración fácil, como los tabloides, los culebrones, la telebasura, y esos productos literarios o musicales propios de la cultura kitsch; que no viene a ser, en el fondo, más que falta de cultura.

            Juego aristónico. Es el mundo de la competencia. Siempre es el autor quien pone el esfuerzo: corporal (velocidad, puntería, la faena del torero, los entrenamientos, las marcas superadas por los atletas, las plusmarcas); o puede ser también esfuerzo mental (en el caso del entrenamiento matemático o de la creación intelectual o artística). El público puede contemplar la superación personal de manera pasiva (como fans, identificándose incondicionalmente con sus autores que son sus ídolos, o siguiendo las banalidades del Guiness de los records); pero también puede ser espectador activo.

            Juego agónico. Es el mundo de la competición. Sus autores ponen esfuerzo (corporal en el deporte: judo, fútbol, creación de jugadas bellas, elegantes y eficaces; y mental, en las creaciones no físicas tales como las que se hacen en los concursos musicales o las justas poéticas). El público puede contemplar el esfuerzo desde la pereza del hincha, que se identifica incondicionalmente, y por lo general de manera acrítica, con su jugador o su equipo; o desde el esfuerzo del espectador activo que trata de entender, criticar, admirar y evidentemente desfrutar con lo que está viendo.

5. Conclusión.

            Juegos de sensación, juegos de ejercicio y juegos de representación. Juegos de trabajo y juegos de ocio. Goce lúdico, goce trágico, goce místico, competencia y competitividad, tentación y compromiso, esfuerzo y descanso, relajación y tensión, elementos todos que se encuentran englobados en el concepto de juego; pero están dispersos en distintos tipos de juego, muy diferentes unos de otros. Diversión, humor, valor, devaluación: placer. La felicidad puede reducirse al placer cuando consume sin producir; pero cuando trasciende los límites dramáticos del aburrimiento y la pereza, el placer se convierte en plenitud.
            Hay juegos para todos: juegos para vagos, juegos para el esfuerzo, juegos de abandono, juegos de superación. Los mejores juegos están en el límite del arte, se adentran en honduras trascendentes, y en esa zona de nadie es difícil saber cuándo una representación es juego y cuándo también es algo más. Habrá que adentrarse en los dominios del arte para conocer, aunque sólo sea de forma nebulosa, esa tierra de nadie, pero más acá de esa zona el juego estaba delimitado en toda su extensión. Hemos intentado estudiar todas sus caras, perfilar sus territorios, explorarlo en todos sus paisajes. Estas páginas han sido un primer intento de clasificación. Si ese intento ha dejado muchas lagunas, el tiempo lo dirá.
  



viernes, 28 de septiembre de 2018

HAY FESTIVAL DE SEGOVIA (2018)




EL HAY FESTIVAL DE SEGOVIA (2018)


            El Hay Festival es un punto de encuentro donde se reúnen escritores, editores, artistas y comunicadores de todo el mundo. La edición de Segovia acabó el 23 de septiembre de 2018 utilizando como foro de debate la biblioteca, el museo, el teatro o la universidad; participaron figuras de primera fila, tanto de literatura selecta como de consumo, tales como Antonio Muñoz Molina, Santiago Roncagliolo, Isabel Coixet, Ken Follet, Javier Sierra y un largo etcétera; y se debatió sobre el papel de la literatura ante el reto de las tecnologías en el seno de la modernidad. Dar cuenta exhaustiva de estos encuentros es imposible, dado que muchos se desarrollaron a la misma hora en lugares diferentes; pero sí podemos aproximarnos a ellos a partir de algunos que bien pueden servirnos de muestra. Empezaremos por la literatura de masas, continuaremos con la literatura selecta y concluiremos con una muestra de cómo el gran público es capaz de apreciar a las grandes figuras que hablan para todos como si estuvieran hablando para una minoría: donde la palabra no se degrada por el mero hecho de dirigirse al gran número.

1. La literatura serializada.

            Lo que empezó siendo un libro leído se va convirtiendo cada vez más en un subgénero nuevo con un lenguaje propio que hay que ir descubriendo; por ejemplo, se puede describir la tristeza en lugar de hacer hablar a un personaje triste. Los autores que se dedican a este subgénero están descubriendo su lenguaje (como Eisenstein, mientras filmaba el Potemkin, descubría al mismo tiempo el lenguaje del cine). No es el teatro radiado de la BBC. No es el antiguo serial radiofónico. No es el audiolibro. Se llama audionovela, audioserie, radiotexto, ficción sonora. Es literatura de consumo y de consumo cotidiano, con lo que debe reunir varios ingredientes: es un podcast serializado, una especie de novela por entregas que se mueve en la oralidad; más que la verosimilitud y tranquilidad que se le exige el libro (aunque también), se le exige que mantenga mucho la atención; es económico porque las palabras son gratis y, al no tener carácter visual, nos ahorramos la escenografía; y tiene un formato tecnológico.
            Formato tecnológico: uniformización de los tiempos (lo que no ocurre con el libro); en Estados Unidos hay entregas que duran 20 ó 30 minutos (el tiempo que se tarda en llegar al trabajo); el prime time es de 10 a 12 de la noche, después de cenar y antes de dormir; pero una lectura de dos horas es excesiva. Comparémoslo con el libro: una novela de 200 a 300 páginas son de 6 a 7 horas de audio; además, los capítulos de una novela pueden tener distinta extensión, mientras que los de la audioserie deben durar todos lo mismo. Y hacen falta herramientas para seducir a los lectores.
            Entre la calidad deficiente de los antiguos seriales y la buena calidad de muchas novelas hay una zona intermedia en la que se mueven las audioseries: en ella se potencia el entretenimiento dentro de unos mínimos de calidad; que Santiago Roncagliolo (escritor, dramaturgo, guionista y premio Alfaguara) cultive este subgénero es ya una garantía; y que Ana Alonso (guionista interesada por el teatro y directora de la serie El gran apagón) se interese por él le da las dosis necesarias de interés comercial sin renegar totalmente de la calidad. Moderó el coloquio Javier Celaya, director de la plataforma de audiolibros Storytel. Entre las dos escuelas conocidas de audiolibros (la anglosajona, muy sobria, y la americana, muy hollywoodiense) se mueve el subgénero del que estamos hablando. Santiago Roncagliolo está terminando una larga serie que durará diez horas. 


            Nos movemos en el terreno de la literatura de consumo, el que produce los éxitos de ventas; el Hay Festival también acogió a Ken Follet y Javier Sierra, dos de los grandes maestros adorados del gran público. En estos autores, que se mueven en el terreno de la novela clásica, y en los que ponen sus esfuerzos al servicio de la audioserie, se aprecia una dignificación de esta tercera vía, a caballo entre la gran literatura y la mala literatura de consumo; el entretenimiento no está condenado a separarse de la seriedad; se pueden contar historias interesantes sin que se pierda calidad en aras del interés.

2. La literatura seria.

            La buena literatura está representada por Antonio Muñoz Molina, que respondía a las preguntas de Nativel Preciado sobre su nuevo libro: Un andar solitario entre la gente. Solitario: es decir ensimismado. Entre la gente: es decir acompañado. Se puede estar solo y acompañado a la vez, y eso no es una paradoja. Muñoz Molina ha recopilado frases sacadas de los anuncios publicitarios y de los periódicos, y cada una de ellas le inspira un reflexión sobre algún aspecto de la vida; una decía, por ejemplo: “oficina de instantes perdidos”; y no sabemos si valorar más la creatividad del publicista o la mirada atenta del escritor que ha sabido fijarse en ellas y rescatarlas.
            La literatura (dice el autor) “nos enseña pluralismo; los seres humanos somos distintos y eso nos humaniza vacunándonos contra el papanatismo”. Y frente a la uniformidad está la vacuidad, el hecho de que la vida no tiene horizonte; “la gente hoy no cree en nada y a la vez se lo cree todo”; la falta de fe priva de ilusión y el exceso de credulidad la vacía de contenido, pues se cree lo que dice cualquiera y no tiene en cuenta lo que le dice su propio yo. “En Sevilla habita mi otro yo, mi yo de enfrente”, dice Gerardo Diego; eso que le falta a la gente y por eso las personas no saben dialogar consigo mismas. La consecuencia es que se ven abocadas a “gestionar un presente sin porvenir” y eso es lo que llaman la cultura del ocio: ese ocio que se entiende como pérdida de tiempo, no como tiempo contemplativo; por eso no hay ayer ni tampoco mañana. Frente a ese ocio mal entendido, Muñoz Molina reivindica una cultura del esfuerzo; “lo que va a pasar es lo que vayamos a hacer”, para “que tu pasado no se llene de futuros que nunca se han cumplido”. Si frente al “todo está atado y bien atado” de tiempos pretéritos hemos levantado el vacío confundiéndolo con la falta de ligaduras, entonces hemos perdido el sentido del hedonismo.
            Porque el hedonismo que nos tiene algo que decir (dice el autor) “a mí me encendió una gran cantidad de luces interiores”; esas que nos hacen andar solos entre la gente; “las personas tenemos oscilaciones entre zonas de oscuridad y zonas de claridad”, y gracias a ellas nos vamos haciendo jóvenes cuando pasa el tiempo. Muñoz molina cita la frase de un pintor: “cuando pinto tengo treinta años”. Su último libro es un conjunto de pinceladas para un cuadro; concebido en ese tono reflexivo, bien podría ser literatura con vocación filosófica. “Confesiones de un pequeño filósofo”, decía Azorín; aquí la filosofía tiene forma literaria como lo fue en el principio de los tiempos; eso que le gustaba siempre recordar a María Zambrano. 


3. La seriedad desenfadada.

            Se pueden decir cosas serias sin dejar uno de reírse. En esta visión desenfadada de la vida se inscriben dos de las numerosas intervenciones que hubo en el Hay Festival de Segovia: la de Isabel Coixet y la de Iñaki y Aitor Gabilondo.
            Isabel Coixet practica un humor irreverente que no se preocupa mucho de las formas. Habló de la mujer poniendo el ojo en el hombre, y de los catalanes poniendo el ojo en los independentistas: es una dialéctica de trincheras donde los enemigos están identificados y se comportan como dos ejércitos frente a frente; y como donde ella pone el ojo pone la bala, nuca dispara sin munición; interpretó el cese de  Lluis Pasqual como una represalia por haberse negado a poner un lazo amarillo en el Teatre Lliure.
            Aitor Gabilondo es guionista y autor de series de éxito como El príncipe; su último trabajo será una serie para HBO sobre la novela de Fernando Aramburu, Patria. Su tío Iñaki procede de una familia de nueve hermanos que creció al amparo de una carnicería; del negocio familiar salieron ingenieros, filósofos, comunicadores, artistas. Precisamente el conocimiento, el arte y la política centraron sus intervenciones que, como electrones en torno al núcleo, giraron continuamente sobre la carnicería.
            El arte. “Hay músicas que te emocionan y otras que no”, dice Iñaki Gabilondo, “y eso no tiene que ver con cánones objetivos”; aclara acto seguido que “existe el derecho de que no te guste algo que le gusta a todo el mundo”, aunque no esté en el museo, porque “el arte no es ir al museo, sino la percepción estética de la vida” y “ese sentido estético forma parte de la vida cotidiana”. Para Iñaki Gabilondo esta sensibilidad es casi una necesidad biológica, y lo resume con una expresión muy gráfica: “sin pan uno se muere de hambre, y sin arte uno se muere de hastío”.
            El conocimiento. Necesitamos conocer cosas distintas y esa necesidad es un reto que nos desazona: “la ansiedad es seguir buscando un acomodo nuevo”. Pero no hay por qué conocerlo todo, tenemos derecho a ignorar cosas, y a combatir “el exhibicionismo de quien lo ha visto todo”; porque caemos en la pedantería, que es ese consumismo supuestamente noble de quien se somete a las “urgencias dictadas por la moda, no por lo mejor que hay  en nosotros”; es más, “la sensibilidad verdadera no siempre está conectada con un conocimiento nuevo”, y no necesita de todas esas erudiciones de las que hace gala la pedantería.
            La política. Iñaki utiliza la metáfora del amor. “El enamoramiento no depende de la voluntad, lo que depende de la voluntad es el comportamiento amoroso”. Trasladada a la política, esta reflexión nos lleva a plantear que “no hay convivencia democrática cuando el fondo y la forma no se acompañan, y hoy hemos roto las formas”; confundimos la cortesía con la vanidad y sin embargo “no hay que confundir la burocracia inútil con el procedimiento administrativo”; porque esas “formalidades fundamentales” no están vacías: son, simplemente, respeto, el cimiento sin el cual no se levanta un edificio. Sobre esa confianza de partida hay, en el camino, una desconfianza y por eso “la democracia es un  sistema de control”: que consiste en el escepticismo, en la actitud permanente de vigilancia, porque “el ser humano es muy frágil” y puede muy bien caer en la tentación de corromperse.

            Se baja el telón. Con estos tres botones hemos elaborado una muestra. La literatura nos ha aparecido en la encrucijada del arte y de la sociedad, buscando realidad en la apariencia y calidad en la superficie; aunque, inevitablemente, lo superficial nos espera a la vuelta de la esquina. Los segovianos esperamos otra nueva edición del Hay Festival; donde la palabra sea un ingrediente de la vida y hablar, mal que pese a algunos, no sea sinónimo de perder el tiempo.