viernes, 20 de mayo de 2022

LA MATERIA

 

 

MATERIA  

 


            Este artículo está dirigido a los especialistas; pido perdón a quienes me leen habitualmente; después de este paréntesis volveremos con la filosofía literaria la semana próxima.

 

            En física se llama materia lo que, siendo fuente de fuerza, se mueve y ocupa un lugar en el espacio. A la característica de ocupar un lugar en el espacio Descartes la llamó inercia; la materia era, para él, extensión, es decir lo que está ahí y no se mueve si no es empujado por nada. Es inerte todo lo que tiende a quedarse como está, a menos que venga algo a cambiarlo. Una piedra es inerte porque no se mueve sola.

            A los tipos o clases de materia los llamamos sustancias. El vino, el agua, el cloro son sustancias distintas. También el uranio lo es. Ahora bien, el uranio es una sustancia radiactiva; es activa, y por tanto no podemos decir que sea inerte. Pero es que todas las demás sustancias son activas: tienen actividad eléctrica que las empuja a ser estables hasta convertirse en sustancias inertes, como los gases nobles.

            Si todas las sustancias se mueven (unas, por radiactividad, otras, por electricidad), eso quiere decir que, en tanto que materia, no son inertes; son extensión, sí, porque están en el espacio, pero se mueven por sí solas; no necesitan que nada choque contra ellas para entrar en movimiento; el movimiento y la actividad son, junto con la extensión, dos características de la materia. Extensión: están en un lugar. Movimiento: cambian de lugar. Acción: la causa del cambio es una fuerza que está dentro de ella. Fuerza: principio activo que contiene la materia. Cuando queremos definir la fuerza resulta imposible, puesto que entramos en un círculo vicioso: la fuerza es principio de acción y la acción es el efecto de una fuerza.

            Si definimos el movimiento como un cambio de lugar, sólo la materia se mueve. Pero si lo definimos como un cambio de estado podemos decir que las cosas inmateriales (como el espíritu) también se mueven.

            Un lugar es una porción del espacio, un trozo de vacío. Llamamos espacio al vacío que es apto para ser ocupado por la materia; al vacío que no pude serlo lo llamamos nada. El vacío, pues, no es la nada, puesto que la nada es inercia sin forma y sin energía, sin fuerza.

            Entonces tendremos que definir la materia como lo que está lleno, no como lo que es inactivo o inerte. Habría que suponer que el principio universal sería energía, fuente de fuerza, y eso es lo que llamaríamos ser. Es ser lo que contiene energía activa y a lo que contiene energía pasiva lo llamamos la nada (si es energía destructiva) y el espacio (si es energía conservadora). A lo que es coordinación, encaje o concordancia entre el ser y el espacio lo llamamos materia, pero hay un tipo de ser que existe fuera del espacio: lo llamamos alma; el alma viene a ser, entonces, la energía de la que están hechos el ser y el espacio; la nada es un ser desalmado, sin capacidad, sin fuerza, sin energía. 



            En el principio era la acción: el ser. La acción es el alma del mundo (alma afirmada) y la muerte del alma es la nada (alma negada). Si el alma cósmica, que en principio está llena de energía, llega a vaciarse, se convertiría en nada. El alma es un ser dentro de un espacio inmaterial, que la contiene. Cuando este espacio anula la capacidad de acción del ser lo convierte en materia, y entonces es extensión; la materia es extensión, si no inerte, sí al menos extensión que tiende a la inercia, como el uranio tiende a perder radiactividad al término de su periodo de radiación; o como cualquier sustancia tiende a perder actividad eléctrica adquiriendo la estructura de los gases nobles.

            El ser se fragmenta en el espacio: esos trozos son las partículas (partes pequeñas) que se dividen  hasta el infinito. Las partículas forman corpúsculos (cuerpos pequeños), a algunos de los cuales los llamamos átomos (que no se pueden dividir sin dejar de serlo).

            Energía. Energía que se afirma: el ser. Energía que se niega: la nada. Conjunción de ser y nada, afirmación y negación yuxtapuestas, sin mezclarse, sin combinarse: materia y espacio. El ser sin la nada: el alma (que, por lo tanto, no está rodeada por el espacio aunque dentro de ella sí haya espacios: espacios de ser, no trozos de vacío inerte; lo propio del ser, incluso en sus espacios, es la energía que contiene).

            Afirmar algo sería algo así como admitir que ese algo está despierto, tiene conciencia; negarlo sería suponer que está dormido o inconsciente. El inconsciente será la nada del ser. Pero el alma, que es un ser sin espacio material, contiene reflejos del sueño y es el inconsciente no material que podemos concebir como la sombra de la nada, que es el inconsciente absoluto. La nada es el inconsciente que no conoce. Los fantasmas son los inconscientes del alma cuando piensa de modo nebuloso, si consideramos la niebla como el vuelo de la nada reflejado en la conciencia del ser; así, el ser se piensa a sí mismo (y es pensamiento claro: pensamiento de luz) o piensa en la nada que no es (y es pensamiento nebuloso).

            En otras palabras: la falta de conciencia no debería llamarse, en rigor, inconsciencia sino falta de conciencia: la inconsciencia (más valdría llamarlo subconsciente) sería una conciencia dentro de la conciencia, una conciencia velada: in(dentro)–consciencia; o conciencia debajo (sub) de la conciencia. La nada no conoce, y no-conciencia sería más bien aconciencia (“a” es la partícula negativa).

 


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario