sábado, 8 de abril de 2017

Teoría de la Inteligencia motivada



TEORÍA DE LA INTELIGENCIA MOTIVADA

 

            Se le ocurrió una especie de teoría. Sería algo así como la teoría de la inteligencia motivada. No sabemos por qué, pero a cada uno nos interesan cosas diferentes; parte de ese interés puede deberse a la educación que recibimos, a las influencias de la gente, a nuestra vivencias personales; pero hay otra parte que viene con nosotros al mundo. No se trata de talentos. La naturaleza, ¿dios?, nos trae a la vida con unos gustos más o menos definidos. Fernando disfrutaba con los números; sin embargo Iñigo, por más que se los inculcara su padre, y con los más variados juguetes (bloques multibase, regletas, garbanzos, palotes, ábaco), se desentendía de ellos.
            Iñigo tenía sobrada inteligencia. En casa razonaba acertadamente, y hasta con destellos de genialidad, en los temas más variados. Captaba argumentos y detalles de una película que se les escapaban a los demás; te resumía un libro con rapidez, o un capítulo, aunque otras veces su discernimiento (o su atención) se trababa  en la lectura. En cierta ocasión, en el museo vaticano, visualizó en un cuadro líneas y figuras cuya conjunción realzaba a unos personajes frente a otros; e Ignacio quedó maravillado cuando se lo oyó decir. Otras veces tuvo destellos de intuición hasta en cálculos matemáticos. Pero en clase suspendía en matemáticas, calaba en física, se frenaba en química, tropezaba en sintaxis, vacilaba en idiomas, aprobaba con mediocridad pudiendo sacarse notables y sobresalientes... Sólo sobresalía en biología; porque la biología le gustaba.
            Luis le daba vueltas y, cuantas más vueltas le daba, más se sorprendía. No había más vuelta de hoja; uno puede tener una inteligencia que le haga apto para muchas cosas, pero como sólo una le guste, fracasa en todas las demás; aunque valga para ellas. El gusto es el motor de la existencia. Uno puede tener combustible para ir por muchos caminos, pero sólo irá por donde le pide el cuerpo; o el ánimo, que es lo mismo.
            Bruscamente la mente de Luis se sintió atravesada por un rayo, y fue una iluminación que le hizo entender de repente; un flash que le descubrió conexiones que tenía a la vista, pero sin verlas. Unos nacen con el gusto por divertirse; otros, con amor al trabajo. A éstos los llaman trabajadores; a los primeros los llaman vagos. Y sin embargo éstos no tienen mérito por haber nacido trabajadores, ni aquéllos culpa por detestar el trabajo. Cada uno viene al mundo a desarrollar sus gustos; es el mundo el que nos cataloga luego a todos, según los valores de la época en que nacimos. El que tiene la suerte de tener gustos acordes con la época, tendrá suerte; el que no, sentirá que le abocan al fracaso.
            La naturaleza no nos da a todos los mismos talentos. Ni la historia las mismas oportunidades.
            La naturaleza tampoco nos da los mismos gustos. Ni la historia les da a todos los gustos las mismas oportunidades.
            La naturaleza no nos da a todos las mismas energías. Los mismos ánimos. Y a veces los ánimos se despiertan con la historia.
            Hay quien tiene talentos valorados en el mundo: o no. Hay quien tiene gustos que el mundo valora: o no. Los talentos guiados por los gustos son inteligencias motivadas; y a eso lo llamamos vocación. Luego hay épocas que valoran el dinamismo (ser pasivos, abúlicos y obedientes es en esos tiempos venir abocados al fracaso); o viceversa.
            ¿Y qué es la lentitud? ¿Una falta de dinamismo o un dinamismo oculto de la intuición? La intuición, en su rapidez, es a veces lentitud de la inteligencia. Pero la sociedad no quiere a los lentos, los llama tontos; hoy día lo que vale es la rapidez. Y Descartes avisaba de que llegan más lejos los que van más despacio sin apartarse de la meta que los que van de prisa pero no saben adónde. Partido a partido, diría el cholo Simeone. Pasito a paso. Vale más saborear las cosas cuando se tiene una inteligencia motivada. Lo otro, correr por correr, es como la comida que se indigesta: que no se acaba de digerir, y sólo se traga.

 


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