sábado, 7 de febrero de 2015

Recordando a Charlie.




RECORDANDO A CHARLIE


 El mes de enero del año 2015 será, para siempre, el mes en que unos desalmados mataron a sangre fría a unos dibujantes.

1. El extravío.

Los jóvenes rechazados buscan calor en las islas de las sirenas; que convierten el calor en fuego y se abrasan mientras abrasan a los que abrazan.
Es el rapto del alma; parece un impulso del corazón y es arrebato de las tripas: así tu odio parece bondad y crees que construyes al destruir, y te destruyes a ti mismo en el heroísmo donde tú crees que te salvas.

2. El cielo y el infierno.

            El colmo del engaño es hacer del heroísmo una máscara con la que disfrazas la vileza, la bajeza, lo despreciable, lo nauseabundo y lo repugnante. Tu peor castigo es llamar al cielo y que no te abra dios: te estará esperando el infierno donde se retuerce el remordimiento de tu alma. Y tu vida, la verdad, será tan sólo esperpento; un horrible despertar cuando mires la verdad desengañada.

3. Los asesinos.

            Eres culpable, grandísimo héroe de la espada de Alá. El propio Alá te desprecia. Mahoma, a quien vengaste, no querrá saber nada de ti; se avergonzará de ti y pedirá perdón por lo que hiciste en su nombre, porque el ser vengado no quería que lo vengaras: ni lo quería, ni lo necesitaba.

4. Los predicadores.

            Y también son culpables los que te empujaron a hacerlo. Los que te enseñaron el odio de un dios que necesitaba amor, aunque lo dijera en el Corán con palabras exageradas. Los maldecirá Alá y los maldecirá Mahoma y querrán, para volver con ellos, que os desprendáis de la espada.

5. Los fariseos.

            Porque también era culpable la sociedad que os arrojó a la marginación. La que engordó a los ricos quitándoselo a los pobres, disfrazándose de crisis. Esa sociedad que maltrataba a los mismos que vosotros elegisteis para maltratarlos. Entre unas víctimas que mueren y otras víctimas que matan ¿dónde están los culpables? No hay duda: los culpables siempre son los que matan; aunque unos maten con la bolsa y otros maten con las balas.

6. Los redentores.

            Todas las sociedades tienen sus pobres, sus parados, sus desesperados, sus enfermos, sus excluidos; esa masa de personas que vive en los márgenes está más o menos atendida en las sociedades sanas; y en las sociedades enfermas viven abandonadas a su suerte, a la merced de cualquier aventurero que venga a sacar de ellas su capacidad de hacer daño. Lo hizo el partido nazi, lo hizo el partido fascista, lo hicieron Atila y Gengis Khan, lo hacen los predicadores de la yihad. 

 
            Otras veces vienen a rescatarlos del abandono del Estado las gentes buenas: lo hizo Jesucristo, lo hizo Gandhi, lo hizo Mandela, lo haría Mahoma; lo hizo, quizá en sus primeros tiempos, el partido bolchevique; pero muchas veces los movimientos se convierten en sus contrarios, el bolchevismo se vuelve estalinista y el cristianismo se vuelve inquisitorial; y todo se desbarata.

7. La pobreza.

            Hay que atender a los que sufren para que dejen de sufrir (y, accesoriamente, para que no hagan sufrir a otros). El sufrimiento tiene un límite y cuando traspasa ese límite se convierte en maldad; no todos los que sufren son malvados, pero todos los malvados empezaron sufriendo alguna vez. Le sucedió a Hitler. Le sucedió a Franco. Le sucedió a Saddam Husein. Ser pobre no es ser malo, pero ser malo es haber sido pobre algún día. Haber tenido carencias. Haberle faltado a uno (durante mucho tiempo) lo más básico y elemental; muchos palestinos, cansados de sufrir sin esperanza, han abrazado la causa de la venganza, y han empezado a votar a Hamás.

8. El sufrimiento.

            Las gentes que sufren mucho necesitan solidaridad. Pero si no les ayuda nadie dejan de ser pobres indefensos; a poco que vengan a arrollarlos las fuerzas de la maldad: gentes que prediquen el odio, gentes que les den armas, gentes que les enseñen las formas de hacer daño. La gente que sufre con los ojos cerrados da pena, pero cuando los abre también puede dar miedo: porque el mundo ha puesto en sus retinas la semilla del odio y eso es lo único que ven; la falta de humanidad.

9. La locura.

            El idealista tiene esa locura que podríamos llamar generosa; la que puede sacrificar su vida, si es preciso, por los demás; pero no por sacrificar tu vida tienes por qué ser idealista, a lo mejor eres depresivo, demencialmente crédulo, o desesperado. Un mártir es el que muere por la fe, no el que mata por ella (aunque a consecuencia de sus crímenes también él mismo muera).

            Que se lo pregunten a Erasmo, a don Quijote; hay locuras de daño y locuras de sentimiento: sólo las primeras alimentan la vida, volviéndola apasionada, poniéndole entusiasmo: ilusión; pero las primeras sólo buscan hacer daño, o suprimir el propio sufrimiento en el abrazo de la muerte; llevándose por delante, muchas veces, a toda esa gente que quiere vivir y no le dejan. 


10. Los infieles.

            Es inhumana toda doctrina que levanta a dios, o a la patria, contra la humanidad. Porque al ser humano ¿quién lo hizo? Dios. Volverse dios contra la humanidad es volverse contra sí mismo; contra su propia obra; y llamar a la muerte de los infieles es matarse a sí mismo porque un solo hombre que muere es como si dios muriera. ¿Cómo va a querer volverse contra los suyos, contra los seres que ha creado, sólo porque unos crean y otros no? Dios se mata también cuando los mata.

11. Los mártires.

            Inmolarse para ganar el cielo es querer vivir, y matar a otros para conseguirlo es el supremo acto de egoísmo: privar a otros de vida para que vivas tú. Aunque sea en la otra vida. Morir para vivir matando es mezquindad; hacerlo en nombre de dios es volver mezquino a dios; y dios es sumamente bueno; lo dicen todas las religiones: no se puede matar mezquinamente en nombre de dios.

12. Las imágenes.

            Todavía hay ciegos que ven la letra y no el espíritu. La letra es lo que se ve con los ojos del cuerpo: las señales, los dibujos, las palabras. El espíritu es lo que se ve con los ojos del alma: el sentido, el fondo, la intención. Hubo una caricatura que representaba a Mahoma y el único espíritu de esa imagen era el perdón. Los ciegos, los que sólo ven con el cuerpo, se quedan con el dibujo y se ofenden y matan; pero los verdaderos musulmanes son los que saben ver con el alma.
            Jesús les dijo a los que le acusaban de no cumplir la ley al pie de la letra: el sábado se ha hecho para el hombre, no el hombre para el sábado. A veces la mejor manera de honrara  dios es ayudar a tus semejantes; aunque esa ayuda tenga que darse en los días de fiesta. 


13. La risa.

            -Reírse es ver las cosas desde lejos; la risa es poner distancia entre nosotros y lo que nos pasa; tú te das un tropezón y te duele el dedo gordo, pero te paras, te ríes y entonces parece que te duele menos.
            -Pues por eso precisamente, si la risa es buena y las religiones quieren lo mejor, deberían hacer que la gente riera.
            -Pero hay una diferencia: las religiones buscan el bien… en la otra vida; el goce es aplazado al más allá y aquí sólo nos queda sufrir para merecerlo.
            -La vida es un valle de lágrimas.
            -Eso es. La religión es poner distancia entre nosotros y el placer, puesto que el placer se aplaza para cuando estemos muertos. En cambio la risa es poner distancia entre nosotros y el sufrimiento.

14. La yihad.

            La yihad es un esfuerzo por matar dentro de sí las fuerzas que se oponen a la vida, no por matar las fuerzas vivas que tenemos alrededor.

15. El respeto.

            -Vuelvo a lo del principio: ¿por qué es la risa una falta de respeto?
            -No tiene por qué serlo. Respetar a una persona es aceptarla tal y como es; si nos reímos de que una persona es bajita, estamos negando las cualidades que le ha dado la naturaleza; estamos atentando contra su vida, estamos rechazándola. La burla es poner distancia entre los otros y el placer de vivir.
            -¿O sea, que cuando nos burlamos de alguien es para que sufra?
            -Eso es.
            -Igual que hace la religión.
            Silencio. Tiempo para salir de la perplejidad.
            -Parece… Pero hay una diferencia: hay religiones que quieren que suframos para ganarnos el derecho a gozar después de la muerte; la burla nos hace sufrir sin darnos nada a cambio, sin prometernos ninguna salvación para más tarde.
            -Entiendo. Y las caricaturas de Mahoma ¿hacen sufrir a Mahoma?
            -No. Hacen sufrir a quienes lo adoran.
            -¿Por qué?
            -Se sienten ofendidos.
            -¿Por qué?
            -Porque no saben que dios disfruta cuando nos ve disfrutar. Para ellos la risa es un pecado.

16. La piedad.

            Hay dos cosas que necesitamos: ver las cosas con distancia para no sufrir con lo malo, y verlas desde cerca para sentir el sufrimiento ajeno: esta cercanía, esta identificación, nos mueve a evitarles a los demás el dolor que no queremos para nosotros; es la empatía; empatía es sentir y pensar lo que los otros sienten y piensan, y no desear para ellos lo que no nos gustaría que nos hicieran: ése es el verdadero respeto; aceptarlos como son sin castigarlos por culpas y pecados que sólo están en nuestra imaginación. La gente no es como tú la ves, y quien no sabe reír no le rinde culto a la vida, sino a la muerte. 


17. Los márgenes.

            Dos clases de sociedades hay: las que tienen sus márgenes llenas de excluidos y las que los tienen vacíos. La Francia republicana ha pugnado por dar cabida a todos, pero lo que los ideales hacían se desmoronaba soterradamente a causa de sus realidades.

18. La marginación.

            Cuando una sociedad enferma, empieza a segregar cada vez más gente hacia sus márgenes; gentes sin trabajo; sin salud; sin escuela; sin alimento; gentes in identidad, es decir sin hogar, sin un lugar donde sentirse acogidas, sin cariño, sin calor, y sin cobijo. En Ayacucho había indios que iban a estudiar a la ciudad, junto a los blancos; y no se querían sentir indios porque como indios se sentían disminuidos; pero tampoco eran aceptados por los blancos, y en ninguna de las dos culturas se sentían acogidos; una cultura es una casa donde se acurruca el espíritu, como el hogar es esa casa donde se resguarda nuestro cuerpo. Escucharon la prédica maoísta, encontraron un esquema donde arrullar su mente, unos amigos donde encontrar afectos, y engrosaron las filas de Sendero Luminoso: la guerrilla más sanguinaria de América latina.

19. Francia.

            Muchos argelinos se instalaron en Francia después de la guerra. Allí vivieron. Allí encontraron casa, escuelas, sanidad, protección a la familia, protección de desempleo. Pero lo que Francia les daba era un mundo material. Casa, trabajo, dinero, profesores y médicos. El universo espiritual de Francia se les escapaba. Despreciados en el trabajo, ignorados por muchos alumnos, por algunos profesores también, y con el dinero dividido entre Francia y Argelia, su casa se convirtió, a fin de cuentas, en una pequeña Argelia; vivían en Francia y, dentro de Francia, había miles de pequeñas Argelias. Se les llamaba ratones. “Árabe” era una palabra peyorativa. “¿Tienes tu carnet de identidad?”, les decían en la calle. “¿No? ¡Pues te callas!” Y así, en lugar de hacer una Francia llena de franceses de Argelia, sembraron millones de Argelias en Francia. Francia se llenó de agujeros.  Como un queso gruyère. Hasta que estalló una insurrección que hizo temblar las ciudades francesas.  
Un día se dieron cuenta de que esos argelinos que no querían ser tenían vedada esa Francia que los rechazaba; una Francia de realidades que empezaban a minar sus ideales; libertad, igualdad, fraternidad: sólo palabras. Y ocurrió que poco a poco se fueron impregnando del calor de los conversos; de esa casa espiritual que estaba sembrando en ellos la yihad islámica; sus sacerdotes predicaban el odio, y ellos se reconocieron en él. El mismo odio que habían estado recibiendo en sus vidas, el mismo que empezaron a sentir cuando la crisis les quitó las ventajas materiales. Sin un hogar espiritual, huérfanos de Francia y Argelia, ahora se encontraban también sin casa y sin empleo; los asesinos de Charlie Hebdo vivían, curiosamente, de la asistencia francesa; como si escupieran en la mano que les daba de comer, si no fuera porque esa misma mano, no siempre, pero algunas veces, había escupido antes sobre ellos.  
Los periodistas de Charlie, después de haber perdido bajo las balas a doce de los suyos, sacaron a la luz esa otra Francia que estaba oculta: la que respondía al odio con amor; la misma que vivía de los ideales que en muchos otros franceses eran cartón piedra y palabras huecas, la que dibujó a Mahoma con una lágrima triste y un letrero que decía: “ya os he perdonado”; porque eran las propias víctimas las que perdonaban a sus asesinos; identificándose con Mahoma: con el mismo Mahoma que, cuando ellos se reían con sus caricaturas, también se reía con ellos. Esa Francia grande, esa enorme Francia que quería sembrar el país de franceses de Argelia y no de Argelias desoladas y muertas; de miles de Argelias que, como un virus, minaban su salud y la ponían en peligro. Detrás de las tristes realidades encarnadas en millones de franceses, estaban los hermosos ideales encarnados en muchos más millones todavía.
            Y detrás de algunos miles de musulmanes que viven la realidad del odio hay muchos millones que rechazan el odio que los domina. 


 20. El fatalismo.

            El vacío espiritual de los marginados crece ahora con un vacío material, con la crisis económica; y sucede como le sucedía a Bécquer que, entre quien le había envenenado el cuerpo y quien le había envenenado el alma, sentía que era inocente.”¿Por qué acusarme? ¿Puedo dar más de lo que a mí me dieron?”

21. La libertad.

            Sí. Libertad es lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros. Lo había dicho Sartre. No toda la culpa la tiene la historia, en el fondo de nosotros, aunque sea negro, muchas veces (aunque no todas) puede haber destellos de esperanza. Que se lo pregunten a Nelson Mandela. 

 

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