viernes, 7 de enero de 2022

DE LA REPÚBLICA

 

 

LA VENTANA DE CRISTAL

14. De la república.

 


            Los nombres son espejos cuando decimos “¡ay!” para retratar el dolor, “aires amorosos” para retratar el silbido y “¡oh!” para retratar la sorpresa; un calzonazos es un hombre sin voluntad, un angelito es un niño inocente, el cagaprisas no tiene paciencia y el Cid Campeador es un señor victorioso. A veces los nombres comunes se convierten en propios: Alfonso X el Sabio, Ramiro II el Monje o Alfonso el Batallador.

            Otras veces los nombres son máscaras si los usamos para esconder las cosas, no para mostrarlas. Los liberales llaman “comunistas” a quienes no son liberales (no a quienes son comunistas), y antes los comunistas llamaron “fascistas” a quienes no eran comunistas (aunque fueran demócratas); Guzmán el Bueno quizá no era bueno y llamamos Augusto a quien ha sido un sanguinario.

También decimos “república” cuando queremos decir “democracia”. Si “república” es la “res publica” (la “cosa pública”), entonces serían cosas públicas (y por lo tanto repúblicas) los parlamentos, las plazas, los mercados, los teatros, los bares, los cómicos y hasta las prostitutas; pero no es lo mismo un hombre público que una mujer pública. Es soberano quien manda en todos sin que nadie mande en él, y hemos acabado llamando república no a la cosa pública, sino al gobierno del pueblo (aquel donde el pueblo es soberano). Ahora bien, en la España de 1978 el soberano no es el rey, sino el pueblo; por lo tanto la monarquía española es una república precisamente porque es una democracia. Y defiende la soberanía pública de lo que sirve a los intereses de todos: la enseñanza pública y la sanidad pública, que garantizan la igualdad de las personas libres y solidarias.  

 


 

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