sábado, 16 de mayo de 2015

Descartes





DESCARTES


DUDAR DE LOS SENTIDOS.

            -Helga, ¿qué piensas de mí?
            -¿Yo? ¿Qué quieres que piense?
            -¿Quién soy yo?
            -Pues eres el profesor de filosofía.
            -¿Y cómo lo sabes?
            -Porque estás aquí, en clase.
            -¿En clase? ¿Qué es una clase?
            -Un lugar donde se viene a aprender.
            -¿Y tú estás en clase?
            -Sí.
            -¿Cómo lo sabes?
            Silencio entre sus compañeras. Estaban expectantes. Dudando entre si intervenir o callarse, vaya bobadas que decía.
            -¿Cómo lo voy a saber? Porque estoy aquí, contigo, y con Elena, con Cristina, con Consuelo.
            -¿Quiénes son Elena, Cristina y Consuelo?
            -Son compañeras mías.
            -¿Ellas están aquí?
            -Sí.
            -¿Por qué estás tan segura?
            -¡Porque las veo!
            -También ven los místicos a la virgen María.
            -¿Crees en apariciones?
            -Yo no digo eso. Yo sólo digo que hay gente que afirma haberla visto. Y está muy segura de ello.
            -Y esa gente ¿en qué crees tú que se basará para decirlo?
-En sus ojos. Ellos dicen lo que ven sus ojos.
-No: ellos dicen lo que piensa su cabeza. Te lo explicaré con un ejemplo. Sabes, sin duda, que los principales ejércitos tienen satélites espía. Imagínate uno de esos satélites. Está husmeando en territorio enemigo. De repente ve un recinto cuadrado en el que hay largos rectángulos colocados en paralelo. Lo fotografía. Al ver la foto, el general dice: “hemos fotografiado una base enemiga. Esos barracones son los cuarteles”. Señala luego a un cuadrado lleno de objetos terminados en punta. “Y eso son tanques. Un inmenso patio lleno de tanques”.
            Se quedó mirándolas, y vio que escuchaban en silencio.
           -No podemos decir que el general haya visto tanques. Ha visto puntos, y está suponiendo que esos puntos son tanques. Lo que hay ahí ¿es realmente lo que ha visto? ¿Cómo sabemos que sus ojos han visto la realidad?
            Consuelo estaba inquieta, hablaba muchas veces sin pensar. Pero aquella vez no se atrevía. Estaba esperando que le diesen la solución del enigma.
           -Os voy a poner otro ejemplo. En la guerra del golfo los satélites norteamericanos fotografiaron zonas donde se veían claramente grandes concentraciones de tanques. Los bombardearon. ¿Hicieron bien?
             -¡Claro! –contestó Cristina-. Para eso los espiaban.
            -Pero resultaron ser tanques de plástico. Muñecos hinchables. Una empresa italiana se los había vendido a Sadam Husein y desde el cielo parecían de verdad.
            -¡Atiza, costipao!


EL GENIO MALIGNO.

            -Y otros satélites espías tenían cámaras que proyectaron sobre el cielo la imagen de la virgen María. La población enemiga, que mayoritariamente era atea, la vio. Y no pudieron negar aquella evidencia. El truco estaba destinado a minar la moral del enemigo.
            -¡Anda ya! –exclamó Consuelo alargando la mano impulsada por su sorpresa.
           -Unas veces vemos puntos y los identificamos como tanques; otras veces vemos tanques y no son de verdad. Y otras vemos a una virgen que ni siquiera es falsa porque ni siquiera es cuerpo: es una imagen. A veces vemos cuerpos y los interpretamos por deducción; o por comparación con otros cuerpos que hemos visto antes. Otras veces interpretamos como cuerpo algo cuya identidad no admite dudas: pero aquella identidad no corresponde a un cuerpo que podamos tocar, sino a un cuerpo que sólo se puede ver; a una imagen.
             -¡Pero es que pones unos ejemplos!
            -Reales. Unos ejemplos sacados de la realidad. Y vosotros que me veis, ¿cómo sabéis que existo? ¿Por qué os fiáis de vuestros ojos? ¿Cómo sabéis que estáis en clase?
            -Mira, Juan –dijo Helga-, sabemos que estás porque te podemos tocar. Y te oímos. –Helga golpeó repetidas veces el suelo con el pie, tocó la ventana, limpió el vaho con sus dedos y se quedó mirando al patio-. Mira, por allí pasa Radón. Y allí está Begoña. Esto lo veo porque es cierto.


REALIDAD Y FICCIÓN. LA VIGILIA Y EL SUEÑO.


             -Lo ves porque es cierto. ¿O es cierto porque lo ves?
            -Mira, deja de liar que tú lo único que haces es volver loca a la gente. ¿Cómo vas a hacerme dudar de que ahora estoy aquí? ¿Cómo quieres que dude de que lo que he pisado no es el suelo, y de que esto que acabo de tocar no es la ventana?
            -Puedes estar borracha.
            -¿Qué?
            -Los borrachos sufren deformaciones en la percepción. Un conductor bebido no calcula bien las distancias, tiene confundidos los tiempos de reacción; a lo mejor cuando va a pisar el freno ya se ha chocado con el coche que tenía enfrente. Y también pueden sufrir alucinaciones. Ver cosas que no existen. No te estoy hablando del delirium tremens, aunque si nos centramos en ellos, las serpientes y bichos que se suben por las paredes a él le parecen reales. ¿Cómo podemos distinguir claramente entre la realidad y la ficción? ¿Cómo sabemos que no estamos bajo los efectos de un narcótico que nos hace ver cosas irreales?
            -¡Mira cómo te pones, Juan Luis! –exclamó vehementemente Consuelo-. ¿Cómo vas a dudar de lo evidente? ¡Anda, anda, no digas tonterías!
            -Vosotros me diréis. Con los sueños pasa lo mismo. ¿Quién no ha tenido un sueño tan claro que no le pareciera realidad? Y cuando se ha despertado ¿no os ha parecido mentira que estuvierais dormidos?
            .¡Sí, sí, a mí me ha pasado! –expuso Helga.
            -¡Y a mí! –exclamó Consuelo.
            -Nos ha pasado a todos –concluyó Cristina-. Todos hemos tenido alguna vez sueños de esa intensidad.
            -Ya lo veis –confirmó Juan Luis-. Y mientras no tengamos claro cómo podemos distinguir la vigilia del sueño no podremos estar seguros de que lo que vivimos lo vivimos en la realidad. Es más, hasta podremos darle más crédito a la mentira, porque nos parece más real que la realidad misma. -Buscó en su mente sin encontrar lo que buscaba-. No recuerdo el título de esa película. Es una película de ciencia ficción, con Arnold Swartzenegger de protagonista. A ver. Él está en una habitación y le presentan a su mujer. Se abrazan, creo, y empiezan a hablar y a recordar los años que han vivido juntos. Él está completamente convencido de la autenticidad de sus recuerdos. Y luego se descubre que esos recuerdos están en un chip que le han implantado en la cabeza. Que sus recuerdos son falsos. Que él nunca ha vivido las cosas que está recordando.
            -Es verdad –dijo Helga-. Yo he visto esa película. Se llama...
            -¡Ay, lo tengo en la punta de la lengua! –gritó Consuelo.
            -A ver, enséñamela –terció Cristina.


OTRA VEZ EL GENIO MALIGNO.

            -No importa el título –dijo Juan  Luis-. Da igual que no la recordéis. Lo que importa es que comprendáis el ejemplo. ¿Y si hay en el mundo un extraño espíritu que nos quiere engañar? ¿Un espíritu que logra convencernos de que lo que es mentira lo tenemos por verdad? Ese espíritu puede ser perfectamente un chip.
            Juan Luis tosió ahogado por el polvo de la tiza. Había trazado un esquema en el encerado. Varios globos con líneas y flechas que los unían entre sí.
            -Ése es el pensamiento de Descartes-. Señaló con el dedo, situando uno a uno los tramos del esquema a medida que avanzaba en su explicación-. Percibimos con los sentidos. Vemos, oímos, olemos, gustamos. Hoy sabemos que el tacto es una amalgama de sentidos distintos (la temperatura, la rugosidad de las superficies, el dolor). También sabemos que ésos son los sentidos externos, y hoy se sabe que hay también sentidos internos, interoceptores y propioceptores: el kinésico, por ejemplo, que nos da la percepción del equilibrio. Pues bien, nada de lo que nuestros sentidos nos dicen es una certeza. Podemos confundir las sensaciones de lo que percibimos con sensaciones del sueño, o sensaciones producidas por sustancias alucinantes, y hasta pueden ser producto de un chip. Hasta la razón nos puede engañar. ¿No os habéis equivocado nunca haciendo cuentas?
            -¡Sí, sí...!


EQUIVOCARSE HASTA CALCULANDO.


            -¿Y pensando? A veces razonamos correctamente pero nos saltamos, por distracción, algún detalle, y nuestro razonamiento mutilado nos llevará a conclusiones falsas. Lo más frecuente es un error manejando el ordenador; nos equivocamos y por más que miremos no conseguimos encontrar dónde nos hemos equivocado; no podemos descubrir la causas de nuestro error. Siempre pasa que lo tenemos que dejar, por aburrimiento, y al día siguiente, con la mente despejada, volvemos a encender el ordenador y al toque lo vemos a la primera. Nuestro razonamiento es claro, evidente, luminoso, sólo se vuelve turbio cuando nos cansamos; pero muchas veces pensamos sin saber que tenemos la mente cansada; no está siempre claro cuándo tenemos la mente despejada, cuándo vamos a razonar correctamente.
            Juan Luis se sacudió las manos, y flotó en el aire un fugaz remolino de polvo. Una nube de tiza que poco a poco se disipó.
            -Fijaos bien cómo razonaba Descartes: si mis sentidos me engañan, yo soy el engañado por las ilusiones de mis sentidos; si me equivoco por usar mal la razón, yo soy quien se equivoca; si no soy capaz de distinguir entre la vigilia y el sueño, yo soy el soñador; y si hay en el mundo algún espíritu empeñado en confundirme, yo soy quien está confuso. Yo pienso que me alucino, me equivoco, sueño y me engaño; y al pensar esas cosas estoy seguro de que me pasan, porque no es posible que no exista algo que piensa. Si yo pienso, existo, y ahí está la primera idea que tengo con seguridad. La primera evidencia de mi vida. Existo porque no se puede pensar sin existir. Si me engaño, quizá no esté yo en el mundo si no me doy cuenta de mi error; pero desde luego sí lo estoy en cuanto pienso que me estoy engañando, porque la razón encuentra en el engaño mi parte de realidad. Si me engaño, existo: eso ya lo decía San Agustín.
            Juan Luis las miró de frente. 
            -¿Lo recordáis?
                                                                    


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